Una lectura de Yo veo / Tú significas de Lucy R. Lippard

Peio Aguirre

Publicado el 2017-06-11

Lucy R. Lippard (1937) dijo una vez que las obras de arte de finales de los sesenta y principios de los setenta eran “fundamentalmente inclasificables”. Algo parecido podría decirse de su novela I See / You Mean (1972), que ahora puede leerse en castellano gracias a su reciente traducción (Yo veo / Tú significas, consonni, 2016). La crítica de arte e historiadora norteamericana pasó en 1970 una temporada en Carboneras, cerca del Cabo de Gata, Almería. Allí escribió gran parte de este libro. En 1972, la fecha de su conclusión, se da una coincidencia que no es nada casual, pues aunque el libro se imprimió por primera vez en 1977, en la editorial feminista Chrysalis, el año de su finalización coincide con el último de los seis del seminal Six Years: The Dematerialization of the Art Object from 1966 to 1972 (1973). Aquí, en el que es uno de los libros más determinantes para comprender los procesos de desmaterialización del arte, la autora recopilaba sus escritos sobre arte conceptual y minimalismo. Tanto en la forma como en el contenido Yo veo / Tú significas mantiene una relación directa con Six Years. Ambos libros se caracterizan por la variedad de registros empleados. Son dispositivos de grabación y Lippard es la grabadora. Ella es una figura conocida en los ámbitos de la crítica y la historia del arte, del feminismo y también de la jardinería y la vida rural, y Yo veo / Tú significas es su principal contribución a algo que podríamos denominar genéricamente ‘obra de ficción’ o ‘arte-novela’.

Lo interesante aquí es que lleva al terreno de la literatura gran parte de las innovaciones y rupturas que ocurrieron en el arte del periodo, caracterizado por esta ‘desmaterialización’. Este viaje de ida y vuelta entre literatura y arte es clave porque pone el acento en la escritura como el centro vital y creativo de una forma de estar en el mundo. Yo veo / Tú significas es un cúmulo de fragmentos heterogéneos, orquestados, a partir de autobiografía y autoficción, de citas y apropiaciones, de horóscopos y el I Ching, de descripciones de fotografía documental, de diagramas y mapas, estadísticas y encuestas, de feminismo, de titulares de periódicos y de muchas cosas más. La integración de materiales múltiples en una obra que serviría como lugar para la construcción del sujeto es aquí un proceso artesanal y manufacturado al que llamamos escritura. Múltiples preguntas nos salen al paso. ¿Debemos juzgar una novela, que se pretende experimental y artística, desde el ámbito disciplinar de la literatura y la crítica literaria, o más bien desde el terreno propio de la crítica de arte? ¿Es esta novela una forma de crítica de arte convertida en literatura? ¿Aspira acaso a ser literatura? ¿No será que las categorías de ficción y no ficción en que se divide la industria editorial resultan aquí obsoletas? ¿Podemos quizás hablar de ensayo de ficción? ¿Y qué hay de este libro como un posible manifiesto feminista?

Se ha dicho que Yo veo / Tú significas es una ‘novela’ experimental. Como puede leerse, ya desde su comienzo, “una novela de”. En una línea se hace referencia explícita al propio libro que se escribe: “¿Crees que puedes endosarle eso a alguien llamándolo ficción ‘contemporánea’? ¿Prosa ‘experimental’?”[1]  El componente auto-reflexivo y auto-referencial es aquí importante. No menos decisivos son los afectos: podría decirse que es un tratado sobre la afección que rodea a la autora. Una afección que proviene de múltiples direcciones y que adopta la forma de un mapa. Como bien ‘indica’ el título se trata de una obra deíctica: una deixis que señala a una persona, un lugar y un tiempo, una expresión lingüística mediante elementos gramaticales y diagramáticos. Esquema y nominalismo. Yo veo, tú significas, tú me ves y yo expreso, siento, hablo, escribo, te deseo, etc. Si el arte minimal fue descrito una vez como ABC Art, este libro es un repertorio de iniciales: ABDEFQ. Cada inicial corresponde a una persona, femenina o masculina. Real, ficcionada o abstracta. La pregunta que el lector se hace es: ¿quién habla? Pues el libro está narrado desde una multiplicidad de voces. Principalmente desde A, que puede identificarse fácilmente con la propia autora. Pero la voz puede hablar en segunda o tercera persona, o narrar desde el punto de vista de otros personajes. Por ejemplo D, que es pareja de A. D es fotógrafo y E es performer. A escribe. D y E tienen una relación. Mientras tanto B, mujer, es amiga íntima de A. La identidad y la identificación están presentes todo el rato: “E raramente aparece en la primera persona. ¿Te has dado cuenta? Como todos los actores es una tercera persona. Tú eres la segunda”.[2]  La lógica matemática y diagramática del Arte Conceptual entra en el arte y aquí, también, en la literatura. Ello no oblitera lo que el desorden, el destino y el azar implican, y a lo que se alude mediante el recurso a la cábala y el horóscopo como medios que ligan al sujeto con cierto ideal de totalidad.

La auto-consciencia de Lippard de que los personajes sean reales en la vida real lleva a la autoficción, un género literario que actualmente vive un momento dulce. Las iniciales camuflan la identidad y permiten la diagramatización de las relaciones: A con D, E con D y con B, y demás. Múltiples conexiones. Opera aquí de entrada una forma, una esquematización gramatical típica del conceptual. Es como si la escritora hubiera cogido un papel y trazado en él un diagrama de relaciones estando ella en el vértice: “Una línea roja va de V a A. Una línea roja va de A a D, de A a V y a B. Una línea azul va de B a A. Una línea amarilla va de E a Y. Una línea negra va de D a B”.[3] El cuestionamiento de la representación y sus mecanismos de poder y deseo sobrevuelan: “E es un performer. Se presenta ante otros. Lo hace a través de tus propios ojos”.[4] Esta consciencia del yo y del otro, de los roles que todos jugamos en la representación, sitúa el libro en un lugar intermedio, híbrido, entre literatura, arte, psicoanálisis y crítica. En cierto momento se dice: “Las cosas internas son aquellas que se representan, y las externas aquellas que representan”.[5] Hay aquí una reflexividad sobre el rol de la mujer en la sociedad y la certeza de que esta es más auto-consciente que el hombre en ese reparto de roles y papeles que es la representación. Por ejemplo:

Es como si las mujeres siempre estuvieran interpretando papeles con los hombres, sin importar lo próximos que sean, ni por cuánto tiempo. Quiero decir que las diferencias hacen que el juego de roles sea inevitable…[6]

Mutaciones de forma y contenido

Yo veo / Tú significas practica algo que podríamos llamar la transformación de los materiales en aras de un efecto de construcción de sujeto. No deja de ser paradójico que la desmaterialización de la obra de arte prestara tanta atención a la condición material del arte. La materialidad del lenguaje es realzada desde la escritura poética, desde el nominalismo o desde el énfasis en las propiedades sonoras del leguaje y las palabras. Por momentos, el lenguaje es por completo inventado. Como escribieron Lippard y Chandler en uno de sus textos fundamentales: “el arte desmaterializado es post-estético solo por su creciente énfasis no visual”.[7] La descripción juega, entonces, un papel determinante. A lo largo del libro la narradora presenta una serie de copias fotográficas y diapositivas que se describen de modo minucioso y casi técnico. La consigna es así escribir y no narrar. En estas fotografías, que con el paso de las páginas se intuye que  son imaginadas, aparecen personas, posiciones de cuerpos, gestos como contorsiones en una performance, o el escenario de una fiesta underground pasada de rosca. Son motivo de escrutinio las conexiones entre los cuerpos, y entre estos con objetos y ambientes. Sabido es que las actitudes performativas influyeron sobre la pintura y la escultura del periodo, y también que el ‘arte-idea’ superó a esas mismas disciplinas. Esta fotografía documental, tan importante para cualquier definición del conceptual, funciona a modo de argamasa que solidifica la obra. Y estas descripciones pautan el desarrollo, centrado en A y sus modos de hacer frente a la vida. Igualmente relevantes son las referencias al mar, a los océanos y sus corrientes marinas, presentes desde el comienzo del libro:

Bueno, pienso en el océano. La idea o imagen del océano, algo fresco y claro y húmedo que lo envuelve todo. El sonido de las olas rompiendo, los ritmos todos iguales pero diferentes, cruzándose entre sí, interminables. Me hace escapar de mi cabeza, mis pensamientos e inhibiciones, supongo.

Lo veo. Ah, sí. La curva sensual de una ola, como un cuerpo, cuando crece. Nunca lo había percibido como algo tan claramente erótico.

La identidad no es algo que nos viene dado, es una construcción, parece querer insistir: “Lo veía como un collage, como un montaje; dos realidades separadas y yuxtapuestas”.[8] Con este fin no duda en emplear una forma fragmentada. La apropiación de un texto se diferencia de una cita en que no menciona la fuente, simplemente opera a través de un cambio de contexto. Las apropiaciones son numerosas, y van desde textos de oceanografía a panfletos sobre el parto natural.

Deseo y espejos

Yo veo / Tú significas es un libro sobre el deseo y la insatisfacción del apetito sexual. La importancia del sexo, en la pareja y fuera de ella, es uno de los asuntos más tratados. No es fácil encontrar literatura erótica de alcance, y sin embargo Lippard raya por momentos con la excelencia. Por ejemplo:

Puedo meter mi pezón en la ranurita de su punta. Me gusta la idea de poder follarme al agente follador con la parte claramente más femenina de mi cuerpo. (…) Sus dedos son como barritas de hierro que escarban en mí. Después de ellos, la barra recubierta de terciopelo es un alivio. Cuando nos recostamos, cara a cara, mis pies llegan solo hasta sus gemelos. Sus pies son unos pies nerviosos, como los dedos. (…) No importa lo jodida que esté su cabeza, el resto de él funciona como un reloj (a veces un poco demasiado como un reloj).[9]

Esta cualidad literaria aparece repetidamente, y muestra que Lippard no es únicamente una crítica de arte o historiadora tratando de escribir otro género, sino que es, sin más, una escritora. Junto con el sexo –o inseparables de él– van el afecto, el deseo y el ego. Los espejos son entonces interficies para el desdoblamiento del yo, para el juego de roles, para capturar al otro y poseerlo. Continuamente hay referencias a ellos: “Y necesitas a alguien que te convenza de que eres guapa, un espejo. ¿Y por qué no un espejo mujer?” (…) “Escondida en una cueva con un espejo detrás”. (…) “Sabe que es un cliché y se pregunta dónde estaríamos sin los espejos”, etc.[10]

Yo veo / Tú significas es un libro feminista que arroja información valiosa sobre las variaciones que experimenta el movimiento durante los años sesenta y setenta. No es posible desvincular la desmaterialización de la obra de arte que ocurre en ese periodo de una politización de la conciencia y de una radicalización de las actitudes. La contracultura, los derechos humanos y los movimientos contra la guerra se suman al feminismo. Lo que subyace son formas de cuestionar el status quo y los roles social e históricamente determinados. Son modos de habitar singulares que abordan la exploración del género y de la sexualidad, junto con una serie de “liberaciones” que se ponen entonces en marcha, así la de Marcuse. A lo largo del texto se alude varias veces al movimiento feminista. El siguiente pasaje es elocuente: 

Las mujeres del movimiento no paraban de decirme que “fuera yo misma”, que “dejase el maquillaje”, y todo eso. Pero, joder, yo nunca había usado maquillaje antes. Pensaba que me hacía ridícula… Para mí, durante una temporada, la liberación fue llevar maquillaje. ¿Te acuerdas de la tarde en la que me enseñaste a usar el lápiz de ojos?[11]

Hay varios fragmentos que son auténticas gemas de un combate dialéctico, el debate en que participan mujeres y hombres: “Y te llamas a ti misma feminista. Tú no confías en tus sentimientos ni en los de otra mujer. Aguardas a que un hombre te dé permiso”.[12] El activismo es feminista, aborda la heterosexualidad y el lesbianismo, y por momentos se refiere a la comunidad gay: “Antes de los días de activismo, él era una anomalía en la comunidad gay”.[13] En otro fragmento –apropiado esta vez del colectivo Radicalesbians– se alude a que lesbiana es una etiqueta inventada por el hombre para lanzárselo a cualquier mujer que ose ser su igual y que ose desafiar sus prerrogativas. Para completar la panorámica tampoco faltan reflexiones profundas sobre el embarazo, la maternidad, los hijos y la crianza. Yo veo / Tú significas es en este sentido una herramienta tanto o más útil que cualquier otro libro teórico o analítico sobre el tema.

Juegos de género

Este libro es una versión a destajo de los años setenta. Hace del juego con los géneros (genres) un espacio de cuestionamiento y expansión del género (gender). Estoy tentado de pensar en otros casos en que se mezclan los juegos de la identidad entre el genre literario y el gender, entre arte y literatura. Pienso, por ejemplo, en Dennis Cooper y su doble faceta de escritor y crítico de arte. Se trata de un autor para quien las relaciones entre personajes también adopta un esquema diagramático de sexo y deseo –y violento tendría que añadir–, tal y como se deduce de la trilogía Contacto, Cacheo y Tentativa. Pienso también, inevitablemente, en Chris Kraus y su bestseller I Love Dick (Amo a Dick), ahora adaptada a una serie de televisión. Los ejemplos pueden ser muy variados. Yo veo / Tú significas es una obra original que no parece que despierte pasiones ni en el arte ni en la literatura, pero que inspeccionada desde cerca demuestra  que es un espacio de confluencia: producción artística e intento o ensayo literario de altura. La traducción, excelente, ha estado a cargo Paloma Checa-Gismero, ella misma crítica de arte, quien además firma una breve introducción que sirve como guía.

En su texto sobre la desmaterialización del arte Lippard y Chandler escribieron: “En algún momento, en el futuro próximo, será necesario para el escritor ser un artista, y también para el artista ser un escritor. Todavía existirán académicos e historiadores del arte, pero el crítico contemporáneo tendrá que escoger entre la originalidad creativa y el historicismo explicativo”.[14] Aquí aún no se adelantaron a la emergencia de la figura del curator, pero sí a la desintegración del rol tradicional de la crítica de arte, algo que hoy en día está completamente asumido: la liberación (¿la liberalización?) de la crítica de arte en la criticidad. Si alguien me preguntara acerca de la forma que podría adoptar una novela de ficción escrita por una artista o un crítico de arte que no quisiera renunciar en ningún momento a los procesos materiales del arte y que, aun más, deseara mantener una correspondencia directa con la práctica artística, entonces diría que Yo veo / Tú significas es dicha forma. Un libro que es una novela pero también un artefacto; y todo artefacto se ha de caracterizar por su utilidad.

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[1] Lucy R. Lippard, Yo veo / Tú significas (Bilbao: consonni, 2016), 179-180. Traducción de Paloma Checa-Gismero.

[2] Ibid., 110.

[3] Ibid., 116.

[4] Ibid., 109.

[5] Ibid., 102.

[6] Ibid., 144.

[7] Lucy R. Lippard / John Chandler, “The dematerialization of art”, Art International, 12:2 (febrero, 1968), 31-36. Republicado en Conceptual Art: A Critical Anthology, editado por Alexander Alberro, Blake Stimson (Cambridge, Massachussets: The MIT Press, 1999).

[8] Lippard, op. cit., 110.

[9] Ibid., 105-106.

[10] Ibid., 147, 168-169.

[11] Ibid., 150.

[12] Ibid., 147.

[13]Ibid., 123.

[14] Lippard y Chandler, op. cit.,

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