Ser una práctica: Poesía en armas (1)

Cuauhtémoc Medina

Publicado el 2018-09-15

Más allá de las vidas que tocó con su presencia o la leyenda que se ha formado en torno a su historia, Alcira Soust Scaffo era una práctica. A propósito no escribo que la poeta la “tenía” o “poseía”, como si uno pudiera contar con una forma de actuar, como si fuera una propiedad o un atributo entre otros, y no un hacer que, de hecho, toma posesión de uno. Su actuar, escribir, imprimir y diseminar poemas ⎯ no sin intervenirlos, declamarlos, iluminarlos, oscurecerlos y habitarlos⎯ era una forma de crear y recrear el espacio de una existencia. La diseminación personal de la poesía, la traducción y la transformación del legado poético moderno, la inserción de lo cotidiano en un trozo de escritura también eran su modo de trabar relación con el mundo y trenzarse con los hilos del pasado y el futuro.

En un momento en que la literatura, el teatro, la radio, la ópera, la crónica y la historia parecen condenar a Alcira Soust Scaffo a ser un “personaje” en la múltiple reinvención que hacen de su memoria (2), parece necesario hacer un correctivo para establecer que a ella no le interesaba alimentar ninguna leyenda pública, sino comunicar su producción. Quienes se acercaban a la poeta, impulsados por la historia de su cautiverio en 1968, encontraban, decepcionados y afortunados, un surtidor de textos y poemas: modestas hojas de papel mimeografiadas con traducciones, biografías, mensajes, el reporte de su entusiasmo por una sinfonía o la invitación a asistir a un evento cultural o una movilización concreta, a veces acompañando el regalo con un simple bolillo o una flor como equivalente nutritivo y perfumado del poema. 

Por al menos década y media, si no es que dos, Alcira Soust Scaffo diseminó material poético bajo el membrete de Poesía en armas, una actividad de publicación hecha al margen que sus receptores reconocían inmediatamente como una forma de agitación y ascetismo. Se trataba de un material que se confundía con los muchos volantes que uno recibía de toda clase de sindicalistas, campesinos y camaradas, y que traían a las aulas información de movilizaciones y represiones, luchas y desgracias, recabando monedas en alcancías improvisadas con latas de leche en polvo. No obstante, la forma en que toda clase de impresos, más o menos formales, circulaban de mano en mano, en un circuito paralelo al de los libros y las revistas formales, venía definida por la singularidad de una especie de marginalidad: la oferta de información poética, en medio de la hegemonía del megáfono de “la teoría” y de toda clase de narrativas de denuncia de los hechos.

¿Qué era lo que distinguía a Poesía en armas de todas esas luchas? Si uno leía con alguna seriedad las cuartillas que Alcira repartía, pronto podía intuir que esas hojas gratuitas, entregadas día a día, eran la puesta en práctica de una tesis distintiva de reivindicación de derechos. Los impresos de Poesía en armas manifestaban y procuraban el derecho humano a lo poético. Un ideario que Alcira expresó a lo largo de los años citando (usualmente sin referirlo) el “Grito hacia Roma (desde la torre del Chrysler Building)” en Poeta en Nueva York (1929-1930) de Federico García Lorca, una oda al escándalo antipoético de la modernidad que Soust transformó en una especie de “pliego petitorio” en pro de la la socialización del plusvalor estético:

Porque queremos el pan nuestro de cada día, 

flor de aliso y perenne ternura desgranada,

porque queremos que se cumpla la voluntad de la tierra

que da sus frutos para todos. (3)

Habrá poesía para todos o no habrá para 

(Ninguno

pan=flor=ternura=fruto=tierra=poesía=amor=vida=VI …DA (4)

En algún momento de 1972, cuando el movimiento estudiantil mexicano reemergía del terror a la represión de 1968, Alcira Soust empezó a distribuir poemas y textos impresos con el medio por excelencia de la literatura agitacional: el mimeógrafo. (5) Al parecer, desde la década previa, Soust había desarrollado la práctica de repartir poemas manuscritos a escritores y amigos, y en la movilización estudiantil de 1968 ya había aprovechado el mimeógrafo para infundir poesía en las marchas. De hecho, desde la clandestinidad, en sus notas de diario, José Revueltas registró su conmoción ante el cautiverio de Alcira en la ocupación militar de Ciudad Universitaria (cu) recordando que un año antes, en septiembre de 1967, la poeta le había ofrendado, conmovida hasta las lágrimas, un poema “escrito en francés y con tinta verde” y que luego la había reencontrado en los cubículos de la Facultad de Filosofía y Letras (ffyl) imprimiendo poemas suyos de madrugada en “el mimeógrafo del comité”. Alcira —describe Revueltas— era ya entonces “otra mujer”, pues su “espíritu se había hecho nuevo y combatiente”. (6) La combinación de la movilización con lo poético le otorgó otra función y otro enclave; le dio a probar la posibilidad de usar la corriente de diseminación de los movimientos de oposición como un río alternativo a lo poético. Sin embargo, Poesía en armas como tal no nacería hasta 1972. Es coherente pensar que, con la renovada agitación estudiantil y sindical que siguió a la violencia del “jueves de corpus” de junio de 1971, Alcira vio la posibilidad de volver a usar el mimeógrafo para dar salida a su “espíritu combatiente”. 

No tenemos dato alguno sobre las razones concretas por las que Soust bautizó su acción literaria como Poesía en armas. Por regla general, Alcira refería su inspiración poética/política al compromiso de los escritores con la República Española durante la guerra civil y el exilio. Textos como la letrilla de Rafael Alberti en la revista El Mono Azul, de la Alianza de Intelectuales Antifascistas en 1936, plantearon esa equivalencia al demandar a todo escritor: “Tu fusil / también se cargue de tinta / contra la guerra civil”. (7) “También su característico uso de aparatos de sonido difundiendo poemas en momentos de movilización, al que recurría Alcira Soust por lo menos a partir de 1968, cuando famosamente recibió a los soldados que ocuparon cu con la poesía de León Felipe, pueden tener origen en la difusión por megáfono de la colección de poemas El altavoz en el frente en la defensa de Madrid ante el avance de Franco”. (8) Dada la popularidad de los discos de poemas cantados de Paco Ibáñez, es posible que Alcira conociera y cantara también los versos de Gabriel Celaya titulados “La poesía es un arma cargada de futuro” (1955), que incluían una línea que Soust bien pudiera haber hecho suya: la reivindicación de la “poesía necesaria / como el pan de cada día”, en contra de la maldición de la “poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales”, que no toma partido. (9) Irónicamente, sin embargo, el título Poesía en armas había servido para nombrar la obra de un poeta falangista en 1940 (10) dato que seguramente hubiera horrorizado a Alcira Soust, pero que es entendible por el modo en que las posiciones políticas contrarias suelen usar campos semánticos y simbólicos similares sobre los que establecen una auténtica disputa, en lugar de pretender patrimonios metafóricos o simbólicos enteramente diferenciados. (11)

En cualquier caso, Soust entendía la aparición de su reparto de poesía mimeografiada como el inicio de una nueva era. Muchas de sus hojas volantes registran, además de la fecha convencional en el calendario cristiano, los “años de Poesía en armas” al modo en que las revoluciones francesa y rusa quisieron reivindicarse como los marcadores de un tiempo nuevo. Años más tarde, en 1979, Rubén Meyenberg compuso un par de poemas dedicados a la poeta uruguaya, presentando Poesía en armas en un plano no político, sino como empresa de defensa de las palabras:

Poesía en armas / defensa de las letras, / barricada de los versos / de los puntos y comas. / Diálogo del lenguaje combinado: / amigod [sic],     sol…i…dar…i…dad; / del encuentro del poeta / con su verso y su honestidad. / Poesía en Armas, / libertad de la poesía, / poesía libertaria / poesía convertida en poesía. / Traducida o en su idioma / (Rimbaud, Paul Eluard). (12)

Haya sido o no su propósito originario, en los materiales publicados por Soust no se perfilaba una poesía afiliada a un partido, sino la adhesión a una batalla poética ligada en sus métodos al linaje vanguardista. El objetivo y método de Soust Scaffo rebasaban la mera difusión y traducción, para intervenir el material que ofrecía en términos de una activación y transformación del legado poético. Al ofrecer, por ejemplo, una versión de “Mañana de la embriaguez”, Alcira se sentía plenamente autorizada a irrumpir en el poema de Arthur Rimbaud con una explosión de signos y palabras. Soust movilizaba en sus modestas hojas mimeografiadas los descubrimientos tipográficos y auditivos de la vanguardia literaria de entreguerras (la subversión del texto y la declamación de futuristas, dadaístas y surrealistas) al injertar en el poema de Rimbaud una serie de manifestaciones verbales de lo vivo: 

Nosotros sabemos dar nuestra vida (ví...dá...víííííííííí

     dá…dáááááááááááááááááá 

ví...Viví!¡!

           Dá! a!

vida=víí…i…dá=poesía=i

=ivresse=Rimbaud=Amar=A!

Mar!=AMOR(amor) =amor...es

                  (Compañeros)

                                eros) (13)

Esta identificación de la convivencia universitaria con la posesión amorosa era una definición de partido. Poesía en armas era un intento de infectar a la agitación universitaria con un virus poético. Si bien muchas de las ediciones de Poesía en armas tienen un valor casi introductorio y pedagógico (poemas transcritos y traducidos con relativa fidelidad, acompañados de biografías suscintas de los poetas involucrados), esos volantes se antojan como prolegómenos a la intromisión de la voz y palabra de Alcira en los poemas propios y ajenos. Trastocando la puntuación, extrayendo ecos y palabras escondidas entre las vocales, y glosando el contenido original de un poema con toda clase de evocaciones y apuntes inmediatos, Soust aspiraba a transformar meros poemas en un poema verdadero. Era, efectivamente, una interpelación ya no a la autoridad constituida de los poetas referenciales (Éluard, Baudelaire, Lautréamont, etcétera), sino contra la falsa apariencia de esterilidad de las letras muertas en la página: 

 (14)

(14)

Ésta era la concepción del poema como un terreno abierto a la contingencia y en ese sentido análogo a un campo de batalla, en el que en efecto se abrían “barricadas de versos”, trincheras de puntos y filas de artillería de vocales acentuadas. Esas hojas volantes atestiguaban un diálogo entre la transcripción, la traducción y la transformación literaria, en el que además Alcira infiltraba el eco del teatro de sus detractores y amigos, la sombra de su público y sus críticos, y la explosividad de sus duelos y desafíos a las normas y las habladurías:

30 de junio (viernes le vendri)

VII séptimo año de poesía en armas 78

(música de la septima 

de Beethoven¡allegretto¡¡

  que no haces nada útil¡¡¡lan lan lan la lannn¡¡¡¡¡¡¡

que insultas a los trabajadores¡¡¡lan lan lan lan lannn¡¡¡¡ […]

que eres una arrimada¡¡¡lan lan lan lan lan lannn¡¡¡¡ [...] 

¡    indigna de estar entre nosotros¡¡¡lan lan lan lan lannn¡¡¡¡

que se vaya a su tierra¡es indigna de estar entre nosotros¡¡¡lan lan lan lan lannn […]

que interrumpes nuestra vida sexual¡¡¡lan lan lan lan lannn¡¡¡¡ […]

que es un amigo?

un amigo es un amigo!

amigooo      y nadie más       el resto es selvaa. (15)

Sus métodos, arsenal y energía eran, ciertamente, un remedo de la cultura de propaganda y contrainformación que los movimientos sociales de oposición vinieron a adoptar a partir de la generalización del marxismo como lingua franca universitaria después de 1968. (Unanimidad que, irónicamente, habría sido el legado profundo de la represión diazordacista.)

La creación de una literatura tan cotidiana como el pan y la flor dependía del desvío, por demás usual en la época, de los insumos universitarios. Alcira Soust usaba los mimeógrafos y el papel, con los que la administración escolar producía exámenes y boletines, para inundar de versos a estudiantes y profesores. Con la inmediatez de producción que brindaba el mimeógrafo, Alcira obtenía “en casa” sus poemas-volantes y salía a repartirlos por los pasillos de la ffyl con la tinta casi fresca.

La impresión hecha con esténcil se obtenía al incidir una matriz de papel con máquina de escribir, para posteriormente multiplicarla por decenas o cientos, con un cilindro entintado, antes de que el desgaste del esténcil hiciera borrosos los caracteres; este era el medio preferido de impresión a pequeña escala a mediados del siglo xx. Un método de reproducción técnica, si bien usualmente activado por una palanca manual que, por su facilidad y escala, se había adaptado muy bien a las necesidades de instituciones medianas, como escuelas y facultades universitarias. El mimeógrafo era también el medio alternativo de diseminación de ideas y contrainformación de los movimientos sociales y culturales no oficiales: los caracteres de la matriz mecanoescrita eran, por definición, la tipografía de la disidencia y la oposición. Al escoger el mimeógrafo, la Poesía en armas que distribuía Alcira Soust se mimetizaba con esos circuitos, incluso cuando ya la fotocopiadora Xerox tomaba su puesto como medio de multiplicación burocrático. El mimeógrafo, por su fácil operación, adelantaba las condiciones de autopublicación que a fines del siglo xx potenciaron las redes cibernéticas. En su momento definía, por su accesibilidad, una especie de textualidad de la urgencia, la proximidad y la inmediatez: el traslado, casi sin mediación, del escritorio a la lectura. Debido precisamente a ello se enfrentaba a la jerarquía de “lo editorial”, que estaba implicado en tirajes y encuadernaciones por millares de la imprenta offset. Finalmente, propiciaba un estilo visual que, por su precariedad y progresivo desgaste, satisfacía la orientación ascética de la estética de la izquierda.

Poesía en armas aparecía así como la continuación del derrame de agitación política de esa clase de impresión barata e implícitamente desechable, para propiciar una sublevación de emociones, referentes y lenguaje. Adicionalmente, el mimeógrafo facilitaba a Alcira la proximidad de un género epistolar dirigido a una multitud relativa. Esta intimidad es lo que estaba involucrado en pensar la escritura como una evocación cristológica de los panes.

Para el recién llegado a las aulas o el visitante desprevenido de la FFYL, ese reparto de boletines poéticos venía a confundirse con la difusión de movilizaciones, doctrinas, vejaciones y matanzas. Era precisamente en tensión con los clichés y límites verbales de la subliteratura agitacional como Poesía en armas se perfilaba. Alcira Soust aparecía, a la vez, como la vocera y la militante, el cuadro y el aparato, la dirigente y la masa, de una serie de organizaciones excéntricas. Membretes que sin perder el entusiasmo leninista por la conjunción de la “labor de organización” y la “agitación política”, (16) Alcira Soust Scaffo fue multiplicando con una extraña mezcla de espíritu fraternal y chocarrero: los “Amigos del Jardín Cerrado”, la “Secretaría” o el “Secretariado” de “la defensa de la luz”. Frases que el estudiantado y los militantes encontraban plausibles gracias a la contaminación de la retórica surrealista-situacionista del 68 francés, que había sintetizado un género mixto de eslogan, imagen y paradoja: (17)

Compañeros maestros UniversitaRiooooooooo

compañeros estudiantes de

filosofia....y letras.... y Paul Eluard en Defensa de saber (18)

Los membretes que Alcira Soust fabricaba no eran, sin embargo, meros simulacros: aludían al modo en que la poeta había colonizado simbólicamente un jardín anexo a la Facultad de Filosofía y Letras, con plantas y árboles nombrados en conmemoración de poetas, revolucionarios y toda clase de efemérides. Dicho espacio fue bautizado como “Jardín Cerrado Emiliano Zapata” en una apropiación mexicanista y revolucionaria de la arcadia recobrada (un “germen que se cumple”) de la obra clave del poeta transterrado Emilio Prados. (19) En él reverdecían y floreaban referencias queridas como el cedro limón del Che Guevara, que Soust había sembrado el 8 de octubre de 1971, el rosal del Vietnam, plantado en 1975, la “jacaranda León Felipe” y “los geranios de José (Pepe) Revueltas”, (el de “dormir en tierra”), entre docenas de otros ejemplares. (20) Ese jardín, y la consignación de sus plantas y conmemoraciones en los ejemplares de Poesía en armas, constituían un traslado animista de toda una gama de presencias fantasmales al plano de la vida efectiva. El jardín cerrado era un espacio en el que las abstracciones e imágenes revolucionarias crecían y respiraban, regadas amorosamente por Alcira, sus amigos y los jardineros de la unam, asegurando que las fabulaciones heroicas de un periodo no fueran mero viento de palabras. (21)

Por supuesto, el trabajo más significativo de la producción de Poesía en armas era su distribución. Como era característico de la etapa analógica de circulación de información, se trataba de un proceso que tomaba a Soust todo el día, o varios días: extraer del morral tejido que siempre llevaba colgando del hombro una que otra hoja al ver pasar a un conocido o alguien a quien consideraba un destinatario apropiado de sus poemas. Con todo, sin embargo, ese proceso permitía a Alcira infiltrarse en los circuitos de información naturales de una comunidad universitaria politizada, y llevar su agitación poética a las manifestaciones callejeras, los mítines, los simposios, para los que con frecuencia producía poemas exprofeso. Todo ello, claro, sorteando la infraestructura de las instituciones literarias y académicas, las editoriales y revistas que formalizaban lo poético lejos del momento del poema, ejerciendo frente a ellas la crítica de un contrabando permanente.

* * *

Una vez le preguntaron a Roberto Bolaño si era posible todavía habitar poéticamente en el presente y él contestó, pensando en personajes como su colega infrarrealista Mario Santiago Papasquiaro y Alcira Soust Scaffo, que “se puede pero no es recomendable”. (22) La decisión del habitar poético de Alcira Soust no carecía de riesgos, además de forzarla a una existencia trashumante. (23)

En 1978, la guerrilla, presumiblemente los residuos desesperados de la Liga Comunista 23 de Septiembre, (24) asesinó al filósofo Hugo Margáin Charles, director del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la unam, al intentar secuestrarlo. (25) Margáin, además de ser hijo de un connotado embajador y funcionario, era colaborador de la revista Vuelta, dirigida por Octavio Paz. Un anónimo apareció días después de encontrado el cadáver del filósofo, a nombre de un tal “J. D. A. Poesía en armas”. (26) ¿Una mera broma, si bien monstruosa? No lo creo: dada la perversidad de las acciones de violencia de la ultraizquierda mexicana, no es improbable que los asesinos, que jamás han sido identificados, trataran de desviar las investigaciones implicando de paso a Alcira Soust en esa muerte al aludir a Poesía en armas en una carta que además dejaba a Paz y a sus colegas con la amenaza de que no sería la última ocasión en que se sabría de ellos. Es probable que Alcira supiera de esa falsa atribución: todavía a inicios de los años ochenta, cuando la poeta se sentía culpabilizada, recordaba el caso temiendo ser señalada. (27) Todo ello hace por demás significativo que entre las plantas del Jardín de Cerrado Emiliano Zapata estuviera consignado el “rosal de Hugo Margáin Charles” y todavía tres años más tarde una hoja volante de Poesía en armas recordaba al amigo asesinado:

...amigo

amigo el que ayer veíamos

hoy ya se alejó de ver

así la esperanza mía

   vaivén...va...i...ven

   nacer a las cuatro

morir a las tres

        (naSER alas cuatro...

        (morir alas tres...

hugo

el que ayer reía

hoy se alejó de ver… (28)

El caso Margáin pone de relevancia la tensión, no obstante la convivencia y contemporaneidad, que la labor cotidiana de Alcira Soust tuvo con la militancia revolucionaria de los años setenta y ochenta. Aunque la figuración de Poesía en armas la articulaba con el frenesí por la acción radical de su tiempo, la labor de Alcira Soust era una agitación poética que no encajaba con las demandas doctrinarias y las elaboraciones sectarias que prevalecían en partidos y grupúsculos, menos aún entre las organizaciones armadas y encubiertas. Si bien muchos poemas mimeografiados y plantas del jardín consignaron el entusiasmo de Alcira por los referentes de la revolución latinoamericana, es importante no asimilarla a la tradición no especificada de la “lucha del pueblo” en México o América Latina. (29) Su entusiasmo por la vida, y el entenderse como militante de una “defensa de las letras”, la distanciaban de la visión instrumental o meramente apologética que los militantes esperaban del arte.

Por sobre todo, en lugar de la inclinación por la violencia, el sacrificio y el autoritarismo de la militancia armada, Alcira Soust proclamaba una adhesión entusiasta a la alegría de estar vivo, por ejemplo cuando reportaba el progreso del “colorín de Guernica” plantado en el Jardín Cerrado en una de sus “hojas informativas”:

...este año en sus séis años de viDa....hojas tiene que da alegría....y creció...como mi desdicha...creció comomi libertad de seguir eligiendo“L’amour la poésie...la viDa…la vida cotidiana...como una gota de agua en el mar… (30)

Las décadas finales de la guerra fría fueron, ciertamente, un periodo de pasiones, ilusiones y odios especialmente intensos. Las alternativas a la mano no eran, a pesar de lo que dictaba la doxa de ese tiempo, “revolución o muerte” o “socialismo o barbarie”, sino la difícil negociación entre formas de confusión culturales y políticas suicidas y formas de confusión meramente huérfanas. A pesar de rimar con las luchas de su tiempo, y la ansiedad, ilusión e impaciencia “radical”, la íntima camaradería de Alcira Soust no se refería tanto a la esperanza en la violencia, como a la arcadia del sol y las flores, los colores y las palabras que Soust integraba en el lenguaje en sus carteles: las pinturas plebeyas y luminosas con que cada cierto tiempo injertaba un acertijo de color y alegría en los muros retacados de eslóganes y propaganda cultural y académica de “la facultad”. (31) Esa “promesa de felicidad” vegetal y lunar, solar y aérea, era la energía que Alcira desataba al cultivar “ese jardín propiedad de las manos que lo trabajan/de los pájaros que ay!YYí viíúíVen!”. Poesía en armas era un proyecto en el que una modesta hoja de papel era como el jardín cerrado mismo, como “el espacio por donde se cuela la luz” (32) en una etapa histórica no exenta de oscuridades.

---------------------------

Notas

(1) Este trabajo no hubiera sido posible sin los materiales que una colectividad de amigos, conocidos y estudiosos de Alcira Soust Scaffo, en México y Uruguay, han recogido y depositado en el archivo que está en trámite de donación para el muac de la unam. Ese flujo de ideas fue conducido por el recuerdo amoroso de Antonio Santos, camarada de Alcira en sus últimos años en México, y la tenacidad de la curadora Amanda de la Garza. Además de manifestar mi gratitud, a ambos queda dedicado este texto.

(2) Véase, por ejemplo, aunque sea en fragmentos, el histrionismo que María Paiato hizo de Auxilio Lacouture, en la puesta en escena de Ricardo Massai a partir de la novela Amuleto, de Roberto Bolaño, en el Teatro Metastasion de Prato, Italia (Ricardo Massai, “Amuleto di R. Bolaño”, video de YouTube, 15 de enero de 2015. Disponible en: <https://www.youtube.com/watch?v=880VJJPRQT4>). Es difícil no rebelarse ante la forma en que incluso la profundidad y la rotundidad de los monólogos de esta actuación desentonan profundamente con la delicada mezcla de alegría y furia de la Alcira Soust histórica. Por supuesto, no puede uno esperar que la ficción aparezca documentada, pero la función del material expuesto en un museo, y de la precariedad que otorga el documento en un texto, es evitar la aparente facilidad del mimetismo: el asumir que la reencarnación en escena pueda ocupar el espacio de la memoria como tal. 

(3) Federico García Lorca, “Grito hacia Roma (desde la torre del Chrysler Building)”, en Obras completas, Arturo del Hoyo (ed.), Jorge Guillérn (pról.), Vicente Aleixandre (epíl.), Madrid, Aguilar, 1966, pp. 520-522.

(4) Alcira Soust Scaffo, “‘Faim’ de Rimbaud”, hoja volante de Poesía en armas, ca. 1973. Cortesía de la familia Gabard Soust.

(5) Es en extremo intrigante que en la fabricación del personaje de Auxilio Lacouture en las novelas de Roberto Bolaño, desde el capítulo que le dedica en Los detectives salvajes (Barcelona, Anagrama, 1998, pp. 190-199) hasta el despliegue de ese capítulo en un relato-monólogo multidimensional en Amuleto (Barcelona, Anagrama, 1999), la actividad de Poesía en armas no es siquiera aludida, en tanto prevalece la función de Alcira como musa de los infrarrealistas.

(6) José Revueltas, “Gris es toda la teoría [ii], lunes 30 [de septiembre de 1968]”, en México 68: Juventud y revolución, Andrea Revueltas y Philippe Cheron (ed.), Roberto Escudero (pról.), 2ª. ed., México, Era, 1979 (Obras completas, 15), pp. 77-78. 

(7) Véase al respecto: Julio Rodríguez Puértolas, “El recurso de las armas y las letras”, en La República y la cultura: paz, guerra y exilio, Julio Rodríguez Puértolas (coord.), Madrid, Akal, 2009, pp. 409-424. (Disponible en línea en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: <http://www.cervantesvirtual.com/obra/la-republica-y-la-cultura-paz-guerra-y-exilio/?_ga=2.196494895.226020239.1533305462-1140588893.1533305462>.)

(8) Véase José Revueltas, op. cit., p. 77 y Julio Rodríguez Puértolas, op. cit., p. 409.

(9) Véase Gabriel Celaya, “La poesía es un arma cargada de futuro”. Disponible en <http://www.gabrielcelaya.com/documentos_algunospoemas.php>. La interpretación de Ibáñez puede escucharse en Enrique Alzugaray, “La poesía es un arma cargada de futuro—Paco Ibáñez”, video de YouTube, 21 de marzo de 2015. Disponible en: <https://www.youtube.com/watch?v=q_b0myUpwpE>.

(10) Dionisio Ridruejo, Poesía en armas, 1936-39, Madrid, Jerarquía, 1940; seguido por Poesía en armas: Cuadernos de la campaña en Rusia, Madrid, Afrodisio Aguado, 1944. 

(11) Como lo planteó con mucha agudeza Renato González Mello, puede observarse que para que “el debate sea posible es indispensable que haya un lenguaje común”, de modo que uno puede buscar “imágenes iguales que hubieran servido para defender puntos de vista opuestos, o imágenes opuestas que hubieran servido para defender el mismo punto de vista”, publicado en, “Los pinceles del siglo xx. Arqueología del régimen”, en Los pinceles de la historia. La arqueología del régimen 1910-1955,  México, Museo Nacional del Arte, 2003, p. 17.

(12) Alcira Soust Scaffo, “Poema ‘Alcira Sol’ de Rubén Meyenberg y declaración sobre Poesía en armas”, hoja volante de Poesía en armas, 4 de marzo de 1979. Cortesía de la familia Gabard Soust. En una comunicación personal, Meyenberg confirmó que estos dos poemas surgieron de una actividad del Jardín Cerrado Emiliano Zapata, que los entregó personalmente a Alcira y que cap era la organización a la que él estaba afiliado en el contexto de la facultad. Comunicación personal de Rubén Meyenberg a Amanda de la Garza, 5 de agosto 2018.

(13) Alcira Soust Scaffo, “Pequeña vigilia de embriaguez”, hoja volante de Poesía en armas, 1972. Cortesía de la familia Gabard Soust.

(14) Alcira Soust Scaffo, “Charrúa / A Lautréamont / A Rimbaud”, s.f. Cortesía de Inés Campos.

(15) Alcira Soust Scaffo, “30 de junio. vii séptimo año de poesía en armas”, 1978. Cortesía de la familia Gabard Soust.

(16) Véase al respecto de ese imaginario: Lenin, ¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento (1902), Pekín, Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1975, pp. 227-228.

(17) Las frases y los eslóganes provocativos del mayo parisino cirulaban ampliamente en México gracias a la temprana traducción de una compilación en formato de bolsillo: Julien Besançon (comp.), Los muros tienen la palabra. Periódico mural mayo 68. Sorbona Odeón Nanterre etc., Eli Baratra (trad.), México, Extemporáneos, 1970. 

(18) Alcira Soust Scaffo, “Lunes (le lunDí)…..para el día 15 de mayo …dedicado a los (Maestros)”, ca. 1979. Cortesía de la familia Gabard Soust.

(19) Emilio Prados, Jardín Cerrado. Nostalgias, sueños y presencias, México, Cuadernos Americanos, 1946.

(20) Referencias que aparecen en diversos ejemplares de Poesía en armas, recopilados por Amanda de la Garza en su investigación sobre la actividad de Alcira Soust para la muestra Escribir poesía, ¿vivir dónde?, en el muac en 2018.

(21) Tristemente, en 2018 pudimos constatar con los curadores de la muestra que el Jardín Cerrado Emiliano Zapata ha sido transformado en un ordinario patio de cemento.

(22) Puede consultarse la entrevista que le realizó Cristian Warnken en la Feria Internacional del Libro de Chile en 1999: Javier Galicia, “La belleza de pensar—Entrevista a Roberto Bolaño, 1999”, video de YouTube, (21) de enero de 2013. Disponible en: <https://www.youtube.com/watch?v=NPL3O1UL3-E>.

(23) La nota manuscrita de Alcira Soust rescatada como título de su muestra en el muac en 2018 expresa esa condición inmejorablemente: “Escribir poemas, y vivir? dónde?”.

(24) La autoría de la Liga 23 de Septiembre fue confirmada a Gustavo Hirales, años más tarde, por una guerrillera presa en Santa Martha Acatitla. Una herida en la femoral de Margáin Charles lo desangró antes de que sus captores pudieran buscar negociación alguna. Véase: Gustavo Hirales, “La guerra secreta, 1970-1978”, Nexos, 1 de junio de 1982. Disponible en: .

(25) Véase “Secuestro y asesinato de Hugo Margáin Charles”, Proceso, 2 de septiembre 1978. Disponible en: <https://www.proceso.com.mx/124188/secuestro-y-asesinato-de-hugo-margain-charles>.

(26) Enrique Krauze, “La herejía de Octavio Paz”, Letras libres, núm. 121, 5 de octubre de 2011. Disponible en: .

(27) Comunicación personal de Antonio Santos, 3 de agosto 2018.

(28) Alcira Soust Scaffo, “Homenaje al maestro Hugo Margáin Charles”,  hoja volante de Poesía en armas, ca. agosto-noviembre de 1981. Cortesía de Julio Dozal.

(29) Ese es el sentido general que su figura adquiere, por ejemplo, en las emisiones que le ha dedicado la radio alternativa por internet Ke huelga en 2012 y 2018. Puede consultarse en su página de internet: “Alcira Soust Scaffo y el movimiento del 68 en México”. Disponible en: .

(30) Alcira Soust Scaffo, “Hoja dedicada a la ‘información’”, 9 de mayo de 1979. Cortesía de la familia Gabard Soust.

(31) No sobra decir que en la expresión de los universitarios entonces y ahora había el centralismo no discutido de que la unam se concebía esencialistamente como “la universidad”, la ffyl como “la facultad”, la Ciudad de México como “la ciudad” y el pri y el partido comunista, según con quien se hablara, como “el partido”.

(32) Alcira Soust Scaffo, “Hoja dedicada a la ‘información’”, op. cit.

Texto originalmente escrito para la publicación del libro Alcira Soust Scaffo. Escribir poesía ¿vivir dónde?, editado como parte de la serie Folios MUAC en coedición con Editorial RM, 2018.