Las tres Dianas: la representación del sometimiento y la disolución del cuerpo político mexicano

Amy Sánchez Arteaga

Publicado el 2018-01-14

La nación es el más hollado y a la vez más impenetrable de los territorios de la sociedad moderna. Todos sabemos que esas líneas negras en los mapas políticos son como cicatrices de innumerables guerras, saqueos y conquistas; pero también sospechamos que, además de la violencia estatal fundadora de las naciones, hay antiguas y extrañas fuerzas de índole cultural y psíquica que dibujan las fronteras que nos separan de los extraños. 

 Roger Bartra, La jaula de la melancolía: identidad y metamorfosis del mexicano.

 

Diana la cazadora de choferes

El 28 de agosto del 2013, una mujer abordó el autobús número cuatro en Ciudad Juárez y le disparó al conductor. El autobús hacía el recorrido al centro de la ciudad de Tierra Nueva, un vecindario que creció informalmente con la expansión de las fábricas fronterizas conocidas como maquiladoras. Se afirma que esa misma mujer abordó otro autobús número cuatro al día siguiente, el 29 de agosto, y le disparó al conductor a quemarropa. 

En los días siguientes a los crímenes, lapolaka.com, una fuente de noticias en línea, recibió el siguiente mensaje de una persona que se adjudicaba los asesinatos. Se identificó a si misma como Diana la cazadora de choferes:

Creen que porque somos mujeres somos débiles y puede ser que sí, solo hasta cierto punto, pues aunque no contamos con quien nos pueda defender y tenemos la necesidad de trabajar hasta altas horas de la noche para mantener a nuestras familias, ya no podemos callar estos actos que nos llenan de rabia. Mis compañeras y yo sufrimos en silencio pero ya no podemos callar más. Fuimos víctimas de violencia sexual por choferes que cubrían el turno de noche de las maquilas aquí, en Juárez, y aunque mucha gente sabe lo que sufrimos, nadie nos defiende ni hacen nada por protegernos, por eso yo soy un instrumento que vengará a varias mujeres que, al parecer, somos débiles para la sociedad. Pero no lo somos, en realidad, somos valientes y si no nos respetan nos daremos a respetar por nuestra propia mano, las mujeres juarenses somos fuertes.(1)

Luego de que se publicara esta declaración, muchos medios de comunicación empezaron a especular sobre la identidad y las motivaciones de esta persona: ¿era la madre de una víctima, o había sido ella una de las víctimas? ¿Se trataba acaso de un plan elaborado para cubrir el asesinato de dos choferes? ¿Era una persona real?

Los medios invadieron Ciudad Juárez para averiguar más sobre la agresora rubia, e investigar si esta mujer era también la autora del vehemente manifiesto publicado. En uno de los momentos más espectaculares en torno a los homicidios, Laura Bozzo, la conductora de un programa de televisión latinoamericano, fue a Juárez con su equipo de grabación para “conectar” con Diana, y escuchar más sobre sus motivaciones e historia.(2) Un equipo de cámara y una multitud de fans la siguieron por toda la ciudad mientras buscó a Diana en vano. Eventualmente, las autoridades concluyeron que Diana la cazadora de choferes no era real; que era una invención elaborada que cobró vida gracias a una declaración que era o una broma bien planeada o una maniobra publicitaria. 

Sin embargo, su mitología persistió, y mientras que las autoridades afirmaron que no era una amenaza real, que la historia de Diana la cazadora de choferes podría haber sido una triangulación oportunista de dos homicidios con una declaración falsa, por primera vez desde que los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez comenzaron a principios de los 90, fueron colocados oficiales de policía en los autobuses para (aparentemente) proteger a los pasajeros, y (más específicamente) a los choferes.(3)

 Retrato de búsqueda y captura de Diana la asesina de choferes

Retrato de búsqueda y captura de Diana la asesina de choferes

La negación de su existencia junto con la reacción a su presencia la transformó en una figura mítica, un espectro acechador que esclarece las maquinaciones de violencia, vigilancia policial, y la condición precaria de los cuerpos de mujeres en zonas de libre comercio como Ciudad Juárez. 

En Juárez, las fabricas extranjeras multinacionales que salpican el paisaje de la ciudad colonizan la existencia cotidiana de mujeres–creando conexiones inextricables entre los asesinatos de mujeres en la ciudad y la explotación de su labor y sus cuerpos. En el 2015, el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio estimó que cada día 6 mujeres son asesinadas en Ciudad Juárez. De estos homicidios, solo el 24% son investigados y solo el 1,6% de estas investigaciones terminan en algún tipo de sentencia judicial. Muchas de las víctimas trabajan en maquiladoras, las fábricas multinacionales corporativas ubicadas en ciudades a lo largo de la frontera de EEUU y México que se benefician de la mano de obra barata en México, y sacan ventaja de las tarifas bajas o inexistentes para ingresar bienes al mercado norteamericano que las legislaciones del libre comercio imponen. (5) Las mujeres que trabajan en estas fábricas se han convertido en víctimas de agresión sexual, mutilación y asesinatos cometidos con impunidad. Estas condiciones de violencia contra el cuerpo de la mujer han infundido aliento al fantasma de la diosa que vino a Juárez para exigir venganza. 

***

En diciembre del 2013, durante las secuelas de los asesinatos de Diana, el gobierno federal de México, encabezado por el presidente Enrique Peña Nieto (EPN), inició el proceso de (re)privatización de las reservas petroleras del país, abriéndole las puertas a inversores extranjeros para que participaran en la industria de exploración y producción de petróleo. A pesar de la oposición de la mayoría de ciudadanos mexicanos, la medida se convirtió en un revés histórico de la expropiación de compañías petroleras extranjeras de 1938, la cual representó en su momento un tipo de corte definitivo con los lazos coloniales que aun ataban a la nación. La expropiación –impulsada con apoyo popular por el presidente Lázaro Cárdenas– fue parte de un grupo de medidas que se tomaron bajo su mandato con fines redistributivos, medidas que también incluyeron un expansivo programa de reforma agraria (que buscó repartir millones de hectáreas de tierra a campesinos) y la creación del sistema de Escuelas Normales (instituciones de educación progresiva dedicadas a capacitar maestros para trabajar en los sectores rurales y pobres del país).

El revés de las reformas petroleras de la era de Cárdenas por el gobierno de EPN se convierte en símbolo de un mayor desmantelamiento de las infraestructuras políticas populistas –las cuales nacieron de la lucha popular revolucionaria a principios del siglo 20– que sentaron los cimientos para que México se convirtiera en un estado nacional liberal moderno, un desmantelamiento que ha desatado una oleada de descontento social y político que llega a representar un síntoma del deterioro de la nación como tal. 

En el 2013 el término “autodefensa” se introdujo en el lenguaje vernáculo cotidiano cuando masas de grupos comunitarios empezaron a armarse a si mismos para defender a sus comunidades tanto del cartel como de la vigilancia policial gubernamental, creando de manera efectiva pequeñas milicias que funcionaban de forma paralela a (y a veces en contra de) las fuerzas federales.  (6)  En esencia, tales grupos de “autodefensa” llegaron a establecer una barrera entre sus comunidades y el Estado mexicano. Como resultado, estas comunidades funcionaban como pequeñas cuasi-naciones autónomas dentro de la república.

El 26 de septiembre de 2014, cuarenta y tres estudiantes de la escuela Normal Rural Ayotzinapa desaparecieron tras una confrontación con la policía. Mientras el gobierno negaba estar involucrado en la desaparición de los estudiantes, y culpaba a la violencia del cartel de droga  del asesinato, la periodista Anabel Hernández sacó a la luz la evidencia de que las autoridades federales mexicanas estaban directamente implicadas en la desaparición de los estudiantes. (7) Meses de protestas y disturbios civiles por las desapariciones produjeron respuestas y promesas vacías desde el gobierno. La búsqueda de los estudiantes develó más de 60 fosas comunes (los restos de los estudiantes desaparecidos no se encontraron en ninguna de ellas), dando fe del hecho de que México se ha convertido en un cementerio. 

Esta pérdida masiva de vidas –los cientos de vidas de mujeres en Juárez, los cuarenta y tres estudiantes y los miles de asesinados o desaparecidos durante la guerra contra el narco– son las vengadas por Diana la cazadora de choferes. Tanto si es real o no, Diana se convierte en un recuerdo encubridor nacional de la trágica disolución del cuerpo político mexicano. Diana, es el síntoma de una mayor patología nacional más amplia, y que no es un problema solo mexicano, pues implica y hace culpables a socios comerciales que estructuran a la nación de tal modo que sus ciudadanos más vulnerables son explotados. Diana es la memoria fabricada que oculta el cataclismo del proyecto de modernización mexicano, y los cuerpos que ha dejado en su camino.
 

Diana flechadora de las estrellas del norte

La fuente de la flechadora de las estrellas del norte, más comúnmente conocida como la estatua de la Diana cazadora, es uno de los iconos más célebres de la ciudad de México. Es la obra más conocida del escultor mexicano Juan Fernando Olaguíbel, quien comenzó la escultura en 1938 y la finalizó en 1942. 

La Fuente de la flechadora de las estrellas del norte fue encargada por la administración de Cárdenas, como emblema de su intento de cristalizar mediante la retórica del mestizaje un cuerpo político nacional decisivamente independiente y moderno. 

Durante este momento de construcción nacional se desató una proliferación de imágenes en las bellas artes y en las artes populares que hacían un llamado a un pasado mítico en el que el mestizaje se presenta como la gloriosa unión de cuerpos y culturas europeas e indígenas —extirpando a los de raza negra de la narrativa y del proceso de formación de un estado e identidad nacional. Las violaciones, la esclavitud y la devastación de los pueblos indígenas de México durante la colonización tampoco forman parte de una narrativa que privilegia, en su lugar, representaciones románticas y nobles de cuerpos indígenas como vínculo histórico, y que configura a estas comunidades como algo ya subsumido e integrado en la nación. 

El hecho de trabajar en este contexto socio-político y cultural obligó a Olaguíbel a elegir a su modelo con cuidado. La encontró cuando conoció a Helvia Martínez Verdayes, de dieciséis años, en Petróleos mexicanos (Pemex), la empresa gubernamental creada como consecuencia de la nacionalización del petróleo en 1938, en donde ella trabajaba como secretaria. Para Olaguíbel la joven tenía una figura clásica ideal que podría leerse a la vez como un cuerpo mestizo. Martínez Verdayes aceptó posar desnuda bajo la condición de que su cara no fuese presentada, ni su identidad revelada. (8)

 Helvia Martínez y el escultor Juan Fernando Olaguíbel

Helvia Martínez y el escultor Juan Fernando Olaguíbel

El trabajo ‘art decó’ fue develado el 10 de octubre de 1942, coronando una fuente ubicada en una glorieta del Paseo de la Reforma, una avenida principal que atraviesa el corazón de la ciudad de México. La avenida, inspirada en las grandes avenidas europeas, fue comisionada, diseñada y construida durante la ocupación francesa de México que encabezó Maximiliano I a finales del siglo XIX. Originalmente llamado el Paseo de la Emperatriz en honor a la Emperatriz Carlota, esposa de Maximiliano, el paseo se renombró como “Reforma” después de que el monarca extranjero fuese destituido y ejecutado por fuerzas al mando del presidente Benito Juárez, por quien se nombra Ciudad Juárez. La avenida fue así recodificada, y pasó de ser un símbolo de ocupación extranjera a uno de independencia y soberanía, conmemorando el periodo de políticas liberales guiadas e instituidas por Juárez que supondrían el primer paso en la fundación de la nación-estado mexicana moderna. 

La estatua representa a la mítica cazadora desnuda en el momento inmediatamente posterior al lanzamiento de su flecha y justo antes de bajar su arco. Su cuerpo es voluptuoso y redondeado, su cabello fluye, anticipando una pequeña muerte en las estrellas. Esta sensual Diana fue demasiado atrevida para el clima católico conservador de la época. Después de meses de propuestas encabezadas por la Liga Mexicana de la Decencia, Olaguíbel se vio forzado a cubrir su sexo, y soldó una cobertura de manera muy superficial en la esperanza de que con el tiempo las actitudes cambiaran y la estatua se pudiese ser restaurada. Por 25 años la estatua permaneció así. 

La liberación sexual de los años 60 favoreció a Diana, y en 1968, tras la petición de artistas e intelectuales, la escultura se descubrió justo a tiempo para los Juegos Olímpicos que tuvieron lugar en la ciudad de México.  (9) Durante el proceso la estatua fue dañada y se tuvo que fundir una nueva; la original se llevó a Ixmilquilpan, Hidalgo, donde aun permanece. Después de los Juegos Olímpicos, en los años 70, la estatua se reubicó en un parque en la ciudad de México debido a unas remodelaciones del Paseo de la Reforma.  

La cazadora no regresaría a su lugar en la rotonda en el Paseo de la Reforma hasta agosto de 1992. Dos meses más tarde, se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en una ceremonia por el presidente Carlos Salinas de Gortari, y se eliminaron casi todas las tarifas y barreras para el comercio e inversión entre México, Estados Unidos y Canadá. El acuerdo se firmó justo después de que el gobierno mexicano modificara la Constitución a principios de ese año, eliminando las provisiones legales y constitucionales que permitían la posesión común/colectiva de tierra (ejidos), unas provisiones que formaban la base de la reforma agraria y los esfuerzos de redistribución de tierra realizados por primera vez durante el gobierno de Lázaro Cárdenas.
 

Diana, diosa

De todas las figuras mitológicas que podrían haber sido elegidas en la década de 1930 para hablar del recientemente modernizado Estado nacional mexicano, ¿por qué se eligió a Diana, la diosa romana de la luna? Ciertamente, México tiene una historia rica de símbolos pre-coloniales y vernáculos que podrían haber servido como emblemas nacionales del progreso. Sin embargo, es justamente la apropiación de la forma e historia europea, y la represión del violento legado de la historia colonial mexicana y las diversas formas de esclavitud que caracterizan este periodo, lo que hace que Diana sea el sujeto perfecto para el monumento, y la figura que se activa como recuerdo encubridor en el momento contemporáneo de crisis nacional. 

Diana era la diosa de la caza y la patrona del esclavo. Mientras que el templo de Diana sirvió como refugio para muchos esclavos fugitivos, la  única forma en que un esclavo podía convertirse en sacerdote de su templo en Nemi, y así ganar una forma más permanente de libertad, era asesinando al sacerdote de turno, que también era un ex esclavo. (10) Por lo tanto, ser un sacerdote del Templo de Diana significaba ocupar una posición precaria: se ganaba la libertad al costo de estar en peligro constante de ser asesinado por otro que también iba en búsqueda de su libertad. 

La posición del sacerdote de Diana resuena con la historia de revolución y modernización que ha definido la evolución del estado nacional mexicano; una historia que también puede entenderse en relación a nociones arquetípicas del carácter mexicano: hombres fuertes, batallando y conquistando a otros hombres fuertes. Tales conquistas constituyen pequeñas afirmaciones de poder y voluntad dentro de un esquema social que transforma al conquistador en esclavo de un sistema predicado en la violencia y competencia donde solo puede existir un solo ganador: chingas o te chingan, uno mata o lo matan. (11)

En La jaula de la melancolía, Roger Bartra describe su figura arquetípica (masculina) como el pelado, una figura que toma prestada de Samuel Ramos, quien ve a esta figura como la “expresión más elemental y que mejor retrata el carácter nacional”.(12) Bartra resalta la “naturaleza violenta, explosiva” del pelado, y lo describe como “una figura que ha perdido sus tradiciones y vive en el contexto, que todavía le resulta desconocido, del mundo urbano industrial… se siente atrapado y por lo tanto, es potencialmente violento y peligroso”. (13)

¿Será que la historia de México puede leerse como una historia de pelados buscando convertirse en sacerdotes en el Templo de Diana? La historia del país se convertiría en una historia de pelados sometidos a una atadura doble: atados a/por la noción de que la modernización capitalista liberal es el único modelo de construcción nacional, y por las construcciones culturales de masculinidad definidas por la violencia. 

El legado del caudillismo en México –la tradición de hombres fuertes carismáticos ganando apoyo popular armado mediante demostraciones de fuerza y/o mediante retóricas populistas que prometen mejorar la posición socio-económica de sus seguidores– parece apoyar la posición. El caudillismo definió las décadas después de la independencia de España. Cedió lugar a una eventual dictadura, y definió los éxitos y fracasos de la Revolución Mexicana. Aun después de firmarse la constitución de 1917 –que consagró los cimientos modernos de la nación ideales populares como el de una reforma agraria por los cuales se había peleado durante la revolución– las luchas por el poder entre hombres fuertes con apoyo popular continuaron amenazando la estabilidad del estado emergente en la siguiente década. 

Esta precariedad del esclavo, del pelado, es precisamente lo que se altera de forma (casi) permanente en el momento en que el gobierno de Lázaro Cárdenas llega al poder. Los predecesores de Cárdenas, entre ellos el presidente Plutarco Elías Calles, habían iniciado un proceso de intentar institucionalizar los ideales populares de la Revolución Mexicana en un partido político, fundando el Partido Nacional Revolucionario (PNR) en 1929. El partido serviría como un paraguas retórico y organizacional, abarcando las demandas regionales más importantes que surgieron durante la revolución para obtener un apoyo generalizado y acallar voces discrepantes. El PNR buscaba alinearse tanto con la constitución que la legitimidad del partido no podría ser cuestionada, y los líderes del PNR tendrían que ser reconocidos automáticamente como sucesores de los fieles revolucionarios. Dicho partido prometía eliminar la necesidad de pelear por la posición populista de la cabeza del estado nacional: sus miembros se convertirían en herederos naturales del sacerdocio del templo, por así decirlo. 

Calles resume las esperanzas del partido en su último discurso presidencial oficial sobre el estado de la nación, donde sostiene que

“la falta de ‘caudillos’, debe permitirnos, va a permitirnos orientar definitivamente la política del país por rumbos de una verdadera vida institucional, procurando pasar, de una vez por todas, de la condición histórica de ‘país de un hombre’ a la de ‘nación de instituciones y de leyes’.” (14)

Aunque Calles y sus seguidores habían comenzado a institucionalizar la revolución como discurso, no fue hasta que Lázaro Cárdenas llegó al poder que la revolución fue en verdad centralizada e institucionalizada en la práctica. Mediante la implementación de la reforma agraria y la nacionalización del sector petrolero, el partido revolucionario cumplió con las promesas de la lucha revolucionaria popular que se habían hecho décadas atrás, otorgando mayor legitimidad a la posibilidad de institucionalizar un levantamiento popular como partido político democrático social. Mediante este proceso, el partido se convirtió en el Partido de la Revolución Mexicana, tanto en el nombre (Cárdenas lo adoptó en 1938), como en el actuar.

Como consecuencia, los sucesores de Cárdenas, miembros del partido revolucionario oficial, empezaron a ser percibidos como promotores de los ideales revolucionarios por su mera afiliación al partido. La revolución se institucionalizó así por completo, manteniendo el control del poder aún después del liderazgo de Cárdenas, y aún después de haber cesado las políticas populistas de redistribución (a menos de una década de su comienzo). El partido cambió su nombre por última vez a Partido Revolucionario Institucional (PRI) en 1946 al finalizar el mandato de Manuel Ávila Camacho, sucesor de Cardenas. El PRI mantuvo el control presidencial y gubernamental a nivel Federal y estatal por casi 70 años con corrupción generalizada, nepotismo y elecciones manipuladas. Los líderes del PRI y los candidatos presidenciales cosecharon los beneficios de las alzas y del enriquecimiento personal. 

La estatua de Diana la cazadora es emblemática de este momento de origen de la nación mexicana moderna: cuando Cárdenas consolida una estructura para un partido político que se considera necesario para que la revolución perdure. Ella se encarna literalmente en el cuerpo de una modelo que refleja la retórica socio-cultural del mestizaje sobre la que se funda la nación, una modelo que se elige en el recientemente creado PEMEX, un cuerpo corporativo que representa la viabilidad de un modelo de organización económico y político dirigido por un estado centralizado. Este es el momento de trauma nacional colectivo: el momento en que la revolución se volvió puramente retórica, enclaustrada como parte de un discurso de unidad y equidad nacional que sirvió para reprimir y suprimir las voces y demandas de cuerpos marginados. En este momento los sacerdotes cerraron las puertas del templo –no solo se perdería la posibilidad de alcanzar la libertad, o autonomía, sino que también todo tipo de refugio. 

El Estado ya no tenía que servir o proveer a sus ciudadanos porque había sido codificado retóricamente como revolucionario. 

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En 2013, cuando el nombre de Diana es invocado, también se invoca a los espectros de estas tres Dianas: la asesina que cobra su propia forma de justicia fuera del indiferente sistema legal mexicano, la estatua moldeada a partir del cuerpo mestizo ideal, que se modifica y mueve en concordancia con las actitudes públicas, y la diosa de la luna y de la caza, la patrona de los esclavos, quienes podían disputar una peligrosa posición en su sacerdocio.  

Su aparición revela el hecho de que la idea de una nación soberana mexicana no es más que un recuerdo que oculta la realidad de que jamás se había formado en realidad un Estado social democrático — la revolución no había sido institucionalizada, había sido transformada en ficción. 

Los primeros síntomas que revelan este trauma ocurrieron en la frontera de EEUU y México, con la creación del Programa de Industrialización Fronteriza (BIP, por sus siglas en inglés) en 1965. El BIP permitió que compañías extranjeras “ingresaran materia prima y componentes a México sin pagar impuestos para que fueran armados y subsecuentemente re-exportados como producto finalizado” de forma que pudieran sacar ventaja de la mano de obra barata que generan las altas tasas de desempleo en las ciudades fronterizas norteñas —consecuencia de la abolición del Programa Bracero en 1964, que le permitía a los trabajadores mexicanos cruzar a Estados Unidos para trabajar temporalmente. (15) La creación de tales zonas de libre comercio y la re-incursión del control extranjero sobre la tierra y los recursos anticipó una desintegración política y económica nacional aun mayor, en la medida en que el BIP “constituyó un revés de la política tradicional mexicana de intentar… integrar las tierras fronterizas a la economía nacional…[y] reforzar la economía del norte para protegerla contra la penetración y dominación económica de EEUU”. Este revés llegó hasta el punto de permitir que compañías extranjeras “sortearan la prohibición establecida en el Artículo 27 de la Constitución de 1917 que hasta la fecha había prohibido la propiedad extranjera” de ciertas tierras, ya que tales tierras habían sido consideradas propiedad del pueblo mexicano, y por lo tanto podrían en algún momento ser redistribuidas como parte de un futuro programa de reforma agraria. (16)

Como Norma Iglesias-Prieto explica, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) no ha alterado las dinámicas de explotación que tienen lugar en la frontera EEUU/México, ya que la presencia de la frontera siempre ha estado marcada por la disparidad y la explotación de la mano de obra. En su lugar, NAFTA ha fronterizado a la nación, trasladando las condiciones de la frontera a toda la república. (17)

La aparición de Diana en una ciudad fronteriza dominada por maquiladoras surge en el momento en el que el PRI regresa al poder tras perder elecciones nacionales y estatales entre el 2000 y el 2012; un regreso de la revolución institucional que acelera el desmantelamiento del Estado nacional mexicano desde el interior. Veinte años después de la instauración de NAFTA, cuando la marca de revolución institucional regresa al foro proponiendo privatizar las reservas petroleras del país, Diana reaparece como un símbolo de la infancia de la nación moderna, para revelar el recuerdo encubridor encarnado en la estatua que se encuentra en el Paseo de la Reforma; un recuerdo que intenta ocultar la tragedia que ha estado encubierta todas estas décadas, una tragedia y un trauma que define no solo el pasado de la nación, sino también su presente: México nunca ha llegado a ser más que un Estado oligárquico que sanciona la explotación de sus recursos y su gente. 

El proyecto para institucionalizar la revolución no solo ha fallado, ha comenzado a actuar más violentamente en contra de los ciudadanos. Las mujeres de Juárez, los cuarenta y tres estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, reporteros como Rubén Espinoza asesinados por su cobertura crítica de funcionarios gubernamentales, activistas como Nadia Vera y Miguel Ángel Jiménez exigiendo justicia, estas son las víctimas del sacerdote apóstata que es el Estado mexicano. 

A medida que el Estado nacional continúa desintegrándose y su legitimidad continúa erosionándose, el cuerpo nacional se convierte en un cadáver, el cuerpo de cada ciudadano una extremidad que se salvaguarda solo como repuesto o mano de obra, una parte de un todo que ya no es sí mismo. 

Diana, síntoma, diosa, cazadora del norte ¿a dónde apunta tu flecha? ¿Acaso has apuntado y disparado a nuestro cuerpo social colectivo para mostrarnos que siempre hemos estado muertos, y que es hora de que nosotros finalmente vivamos?

 

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Este texto fue publicado en Notes on the Occasion of the Celebration of the 20th Anniversary of the North American Free Trade Agreement, TallerAjonjolí:artesaníaeditorial, 2016.

 (1) Cita.

 (2) La Redacción, “Laura Bozzo va a Juárez tras ‘Diana la cazadora de choferes’,” Proceso, 7 de septiembre 2013. Visto el 4 de marzo, 2016,

 (3) Muchos choferes de autobuses han sido implicados en casos de feminicidio a lo largo de los años, pero a pesar de esto, no han habido cambios en la forma en que se controlan y administran los autobuses.

 (4) Judith Matloff, “Six Women Murdered Each Day as Femicide in Mexico Nears a Pandemic”, Al Jazeera America, 4 de enero de 2015, Visto el 4 de marzo, 2016, http://america.aljazeera.com/multimedia/2015/1/mexico-s-pandemicfemicides.html

 (5) Para un informe más extenso sobre las dinámicas transnacionales puede consultar el libro The Femicide Machine (2012) de Sergio González Rodríguez, y The Killing Fields (2006) de Diana Washington Valdez.

 (6) Víctor M. Toledo, “Autodefensas: de Michoacán para el mundo”, La Jornada, 26 de noviembre 2013. Visto el 5 de marzo, 2016, http://www.jornada.unam.mx/2013/11/26/opinion/020a2pol

 (7) Anabel Hernández, “El video escondido de la noche de Iguala”, Proceso, 23 de enero 2016. Visto el 5 de marzo, 2016, http://www.proceso.com.mx/427463

 (8) Martínez Verdayes es ahora Díaz Serrano después de casarse con Jorge Díaz Serrano, ingeniero y político del PRI quien llegó a ser director general de Pemex (1976-1981). Se develó como la modelo para la escultura en 1992, año que conmemoró su 50 aniversario. Véase: Edith Hernández, “Diana, La flechadora de la estrella del norte”, El Sol de Tijuana, diciembre 8, 2009, visto el 5 de marzo, 2016, http://www.oem.com.mx/elsoldetijuana/notas/n1433039.htm.

 (9) El 2 de octubre de 1968 estudiantes manifestantes se reunieron en la Plaza de la Tres Culturas para protestar abusos por parte de la policía y agencias gubernamentales, después de que dos universidades fueron tomadas por el gobierno tras una serie de protestas que se tornaron violentas debido a la presencia e intervención de autoridades federales. Al llegar a la plaza, los manifestantes fueron rodeados por soldados armados quienes después de tratar de arrestar a los líderes del movimiento, abrieron fuego contra la asamblea de estudiantes desarmados. Testigos y documentos desclasificados de los E.U. exponen que cientos si no es que miles de civiles desarmados fueron asesinados o heridos durante lo que se conoce como la masacre de Tlatelolco. La cifra oficial de víctimas del gobierno mexicano dice que murieron 4 personas. No hubo una investigación oficial tras la masacre. El 12 de octubre de 1968, se inauguraron los Juegos Olímpicos en la ciudad de México, y la Plaza de las Tres Culturas, recién limpiada de la sangre de los ciudadanos asesinados le dio la bienvenida al mundo. Cuatro días después Tommie Smith y John Carlos quienes ganaron las medallas de oro y bronce (respectivamente) en la competencia de 200 metros planos subieron al podio para recibir sus medallas y levantaron su puño en solidaridad con el movimiento estudiantil en los E.U. y en las Américas. En 2001 el presidente Vicente Fox creó un comité para sacar a la luz más información pero solo unos  pocos detalles nuevos se hicieron públicos. Véase: Elena Poniatowska, Massacre in Mexico (New York: Viking Press, 1975) y Elaine Carey, Plaza of sacrifices: Gender, power, and terror in 1968 Mexico, (Albuquerque: University of New Mexico Press, 2005).

 (10) William Smith, William Wayte, y G. E. Marindin, A Dictionary of Greek and Roman Antiquities (London: J. Murray, 1890). Visto el 5 de marzo, 2016, http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus:text:1999.04.0063:entry=rex-nemorensis-cn

 (11) “En suma chingar es hacer violencia sobre otro. Es un verbo masculino, activo, cruel: pica, hiere, desgarra, mancha. Y provoca una amarga, resentida satisfacción en el que lo ejecuta… Para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o ser chingado. Es decir, de humillar, castigar y ofender. O a la inversa.” Véase: Octavio Paz, El laberinto de la soledad: Cincuenta aniversario, México: Fondo de Cultura Económica, 1995, 85-86.

 (12) Roger Bartra, La jaula de la melancolía: identidad y metamorfosis del mexicano (México: Grijalbo, 1987), .p. 91.

 (13) Ibid, p. 91.

 (14) “El Gral. Plutarco Elías Calles, Al abrir las sesiones ordinarias el congreso, el 1 de septiembre de 1928”. Visto el 5 de marzo, 2016, http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/1928_217/Discurso_de_Plutarco_El_as_Calles_al_abrir_las_ses_1278.shtml

 (15) Taylor Hansen, Lawrence Douglas, "The Origins of the Maquila Industry in Mexico," Comercio Exterior 53, no. 11, noviembre 2003. Visto el 5 de marzo, 2016, http://revistas.bancomext.gob.mx/rce/magazines_en/24/6/tayl1103.pdf

 (16) Sin embargo, al mismo tiempo, el BIP marcó un cambio importante en la tradición política mexicana de intentar contrarrestar la influencia y la penetración económica de EEUU en el norte. En lugar de promover vínculos económicos entre esa región y el interior, el aumento constante del número de maquiladoras en las áreas fronterizas aceleró la formación de vínculos con el suroeste de EEUU y su economía, a la vez que aumentó la presencia económica de EEUU en México en general.

 (17) Norma Iglesias-Prieto, “Parte I: Intersecciones”, ed. Cognate Collective, in Dialogue in Transit: Evolution of a Line, procedimientos de diálogo en tránsito: una conferencia móvil, Garita de San Ysidro, Tijuana, mayo 2014. Visto el 5 de marzo, 2016, http://static1.squarespace.com/static/530c3a04e4b034ce4ef17cf9/t/53373755e4b016b64e11ba42/1396127573458/Transcripcion.pdf