El individuo ante el tiempo atemporal

Jesús Octavio Elizondo Martínez

Publicado el 2017-05-14

[A pesar de que la bibliografía que maneja el autor es de hace algunos años, de una época en que el frenesí del networking y de las redes sociales no había alcanzado las dimensiones actuales, la validez explicativa de este texto no ha caducado. Al contrario, la reflexión acerca de la relación con el espacio y el tiempo escindido y un poco esquizofrénico que de pronto se ve vulnerado por el ciberataque de esta semana contribuye a la oportunidad de su publicación]

SUBJETIVIDAD Y MEDICIÓN DEL TIEMPO

¿Cómo experimentamos el tiempo? Todas las maneras de medición del tiempo son formas de medir el movimiento, o el cambio material de un objeto. Pero ¿qué pasa cuando nuestra intuición y nuestra percepción son rebasadas por los instrumentos que empleamos para medir el tiempo? Por ejemplo, actualmente podemos ver que el tiempo que establecen las computadoras es mucho más rápido que el que nosotros empleamos para realizar nuestras tareas diarias. Algunos aún usamos como parámetro temporal el reloj mecánico, donde podemos, de hecho, ver lo que dura un segundo, un minuto, una hora. Los nanosegundos que componen el tiempo de las computadoras son imposibles de percibir. La velocidad a la que es procesada la información mediante computadoras es imperceptible, y muchas veces inimaginable: un nanosegundo es la milmillonésima parte de un segundo. Un nanosegundo es la duración de un ciclo de reloj de un procesador de 1 Ghz (gigahercio) y es, también, el tiempo que tarda la luz en recorrer aproximadamente 30 cm. La tecnología de las computadoras está cambiando la forma en que concebimos el tiempo y al hacer eso está transformando también la manera en que pensamos acerca de nosotros mismos y del mundo que nos rodea. Hemos entrado en una dimensión temporal radicalmente diferente de cualquiera que la humanidad haya vivido en el pasado. El nuevo tiempo que la tecnología computacional ha creado es tan original que requiere de un nuevo modo de pensar y de un nuevo lenguaje para ser comprendido. Del mismo modo en que lo hizo la aparición del reloj en el siglo XIII, al inaugurar la Era mecánica y la concepción de un universo que funcionaba "como un reloj" y que determinaría, hasta el momento actual, el tempo de la vida humana.1 El hecho de que un nanosegundo no se pueda vivir como una experiencia humana real marca un punto de inflexión en la manera en que los seres humanos nos relacionamos con el tiempo. Nunca antes el tiempo había sido organizado a una velocidad superior al dominio de la conciencia humana.2

Todos los seres vivos se pueden caracterizar por los ritmos biológicos que los componen, pero únicamente los seres humanos imponen un sentido social del tiempo sobre los relojes biológicos con los que han nacido. La educación de los niños proporciona ejemplos sorprendentes sobre cómo se introduce el concepto de tiempo en ellos y se crea, a la vez, el principio de realidad. La imposición de normas culturales derivadas de la concepción del tiempo es clave para la socialización, pues asegura la sincronización.

En la actualidad los programas computacionales se han unido al reloj para configurar una nueva herramienta que con gran precisión establece y determina el tiempo. Aunque tanto el horario como los programas de computadora son herramientas que nos ayudan a planear los eventos por venir, sólo los programas son capaces de predeterminar la manera exacta en la que el futuro se desarrollará, pues presuponen las acciones que los sujetos deberán realizar al utilizar la computadora. Es decir, al usar un programa de computadora, éste anticipa las acciones que se realizarán en el futuro para su correcto empleo. Pero hay algo más, pues mientras los horarios proveen instrucciones para el futuro de modo muy general, no pueden prever las variaciones, pruebas y errores que los humanos harán. Los programas sí tienen esta capacidad y la aplican a cada momento para asegurar el correcto desarrollo de los planes previstos. Tan es así que, como ejemplo, basta decir que mientras escribo estas líneas el programa de texto va conmigo corrigiendo mi escritura y ofreciendo opciones de cómo las cosas deben ser enunciadas de forma prevista, de acuerdo con la normatividad de la sintaxis y la semántica de la lengua, todo esto al mismo tiempo que escribo.

No hay que olvidar aquellos procesos industriales que están automatizados casi por completo, como las plantas armadoras de automóviles que, mediante robots industriales, han eliminado la mano de obra humana del proceso de ensamblaje. En este último caso, el control sobre el tiempo programado para cada acción es absoluto. Y es que los programas de ingeniería industrial son mucho más que instrucciones para planear lo que vendrá, ya que son capaces de llevar a cabo las acciones futuras con gran precisión. Casi cualquier programa puede ser diseñado para determinar con antelación la secuencia, la duración y el tempo de un evento por venir.

Los programas de las computadoras tienden a minar la memoria subjetiva de los usuarios, pues lo que se va haciendo habitual es valernos más de bases de datos para recuperar información sobre hechos pasados y menos de la memoria para recrearlos. Ésta es usada, cada vez con mayor frecuencia, para actividades de búsqueda y recuperación de información y para recordar códigos electrónicos bancarios y de seguridad. Los sujetos recurrimos a nuestras experiencias pasadas para desarrollar nuestro criterio personal y poner a prueba hipótesis a implementar en el futuro. Si bien echamos mano de notas, grabadoras, fotografías, etcétera, como recursos externos a la propia capacidad de memoria, lo hacemos para integrar esa información en un momento determinado de cara al futuro. Incluso en las actividades más repetitivas lo hacemos. Pero los programas se perfeccionan mediante la eliminación de la experiencia personal del usuario en el pasado y su previsión del futuro.

Algunas diferencias entre el reloj y la computadora deben ser señaladas. Primero, la computadora opera mediante la corriente eléctrica y no por engranes. La electricidad se mueve casi a la velocidad de la luz. Como McLuhan señaló en Undestanding Media, la corriente eléctrica acorta la duración hasta el punto de la casi simultaneidad.3 Esta reducción en la percepción de la duración cambia por completo nuestra concepción del tiempo. Mientras que el reloj mecánico produce una serie observable de segundos, minutos y horas idénticos, la computadora transforma los segundos o nanosegundos en información eléctrica. En este sentido, el tiempo ya no es un punto de referencia fijo externo a los eventos, sino que ahora es la información que puede ser establecida indistintamente en los programas, creando "varios tiempos". Cada programa tiene su propia secuencia, duración, ritmo; su tiempo particular.4 Segundo, la carátula del reloj de manecillas en su circularidad imita a la rotación de la Tierra en su relación con el Sol. Viendo el reloj es posible ver de dónde ha venido el tiempo y hacia dónde va, hay un referente al pasado y al futuro. La computadora, por el contrario, tiene un tiempo que es independiente en cuanto a su naturaleza y duración. El monitor despliega una cifra que no tiene ya al círculo solar como referencia. Al eliminar el círculo, el reloj digital propicia una lectura del tiempo al margen de su naturaleza cíclica, de su ritmo terrenal y solar: el pasado y el futuro no se pueden ver, únicamente existe el presente.5 Los relojes y los horarios, las computadoras y los programas han transformado las relaciones de la existencia humana: sólo el presente existe, el compás de la vida es rápido y la sociedad ha establecido un ritmo de planificación orientada al futuro. La puntualidad y la eficiencia han pasado a ser valores que, convertidos en hábitos, regulan el ritmo y la sincronización colectiva. El tiempo de las empresas se extiende a los variados espacios de la sociedad y mimetiza los ámbitos laborales, hogareños y de ocio.

Nuestra nueva tecnología eléctrica es orgánica y no numérica en sus tendencias porque extiende, no nuestros ojos, sino nuestro sistema nervioso central como un revestimiento de todo el planeta. En el espacio–tiempo del mundo de la tecnología eléctrica, el antiguo tiempo mecánico empieza a resultar inaguantable, aunque sólo sea por ser uniforme.6

Vivimos una época en la que ya no se trata de ajustar todas las actividades en un solo tiempo general para todos, sino que se comprende que hay tantos tiempos como personas y que estos pueden sincronizarse a diferentes velocidades. Cada acontecimiento genera su propio espacio y tiempo; todo objeto y toda persona determinan su propio espacio en virtud de las relaciones que establecen con los otros, de la misma manera que la energía eléctrica se da cuando se observan determinadas relaciones espaciales entre cosas. Sin embargo, nuestro lenguaje, nuestros idiomas, "derivados de la tecnología fonética, no pueden enfrentarse a esta nueva visión del saber. Seguimos hablando del 'fluir' de la corriente eléctrica o de una 'descarga' de energía eléctrica como del disparo lineal de los fusiles".7 Tomar conciencia de esto permite recuperar ritmos naturales, acciones y concepciones distintas en el uso del tiempo.

¿UN TIEMPO ATEMPORAL?

Manuel Castells, en su célebre trabajo sobre la sociedad en red, afirma que el espacio donde se dan los flujos de información produce un tiempo atemporal.8 En la tecnología que sirve de soporte a la sociedad en red, el tiempo es comprimido; las cosas suceden de manera simultánea y la linealidad se rompe en la discontinuidad de los eventos en la red. El orden cronológico y progresivo cede ante la multifuncionalidad requerida para interactuar en red. La combinación del espacio de los flujos y el tiempo atemporal crean la cultura de la virtualidad real (real virtuality); es decir, este sistema es uno donde la experiencia que vivimos al trabajar en línea, consiste en que lo que se presenta ante nosotros en el monitor, no es ya una serie de signos por los cuales la experiencia es comunicada sino que éstos son en sí la experiencia real y lo comunicado. Así, en la sociedad de la información, el espacio de los flujos es el modo material de organizar las prácticas sociales de tiempo compartido (time–sharing) que funcionan mediante flujos de información. La primera capa de este soporte material del espacio de los flujos está constituida por el circuito de impulsos electrónicos: todo el hardware del sistema computacional y sus redes de conexión. Éste es el soporte de las prácticas sociales simultáneas. La segunda capa la forman los nodos y los centros que funcionan como vínculos de la información, lo cual significa que el lugar de los flujos no es un no lugar y que la lógica estructural sí lo es. La tercera capa la componen las elites dominantes y su hegemonía en la organización y previsión del espacio. Ellos son cosmopolitas y la gente de a pie es simplemente eso, gente local ("...elites are cosmopolitan, people are local").9 Las elites viven en barrios aislados del resto de la ciudad, cerca de los centros financieros y de los servicios de lujo. Los suburbios recién desarrollados se estructuran alrededor de los centros financieros y ya no de los centros políticos, y menos aun de los centros históricos o cascos antiguos de las ciudades. Las decisiones trascendentales las toman los directivos durante reuniones relajadas en restaurantes caros y son los ejecutivos los que las llevan a cabo a una velocidad mayor en el centro de trabajo. Castells propone la hipótesis de que el espacio de los flujos está hecho de micro-redes personales, que proyectan sus intereses en macro-redes funcionales a través de las relaciones globales en el espacio de los flujos.10 Esto supone que los espacios de sitios como los restaurantes o campos de golf donde se toman las decisiones importantes, a un ritmo pausado y agradable, funcionan como nodos y anclajes del espacio de los flujos de la red. Porque son lugares donde esto sucede, es que son tan diferentes del resto de aquellos que visitan los ciudadanos ordinarios. De esta manera, las ciudades están siendo transformadas por un tipo de arquitectura "ahistórica" y "acultural"11 donde la relación tradicional entre la arquitectura y la sociedad se está desvaneciendo, dejándonos un sentimiento de fin de la historia.

La gente vive el tiempo histórico en los lugares físicos donde se encuentra su casa; pero debe estar en contacto con el espacio de los flujos de información donde el tiempo es ahistórico. Esto se convierte en una esquizofrenia estructural entre las dos lógicas espaciales y amenaza con romper los canales de comunicación en la sociedad —advierte Castells—, y a menos de que se construyan puentes físicos y culturales entre estas dos formas de espacio no podremos librarnos de esta peligrosa brecha temporal.

En una sociedad volcada sobre sus tecnologías de la comunicación, la noción del tiempo característica sería una donde éste es negado y comprimido al máximo. El concepto de un tiempo atemporal, producto de las tecnologías de la comunicación, en oposición al que marca el reloj, permite a Castells señalar el peligro que corre la sociedad en red de permanecer en un estado de adormecimiento tal que la puede llevar a vivir en un ritmo vertiginoso, rápido y presente. Compara este tiempo atemporal con el glacial, propio de los eventos geológicos y planetarios, por un lado, y con el del reloj mecánico, tan importante durante la Revolución industrial.

La concepción tradicional del tiempo lineal se ve alterada profundamente en la sociedad en red pues pareciera que ahora se concibe un Universo no en expansión sino en automantenimiento permanente, no ya un transcurso cíclico, sino uno azaroso, aleatorio. Una sociedad donde el capitalismo no tiene ya límites ni espaciales ni temporales; es constante y permanente.12 La tarea parece consistir en integrar al tiempo y al espacio en una nueva relación, una inusitada concepción de la temporalidad. Castells propone el concepto de tiempo atemporal (timeless time): "What I call timeless time is only the emerging, dominant form of social time in the network society, as the space of flows does not negate the existence of places".13 Así, el tiempo atemporal se perfila como la forma dominante de concepción del transcurrir en la sociedad en red. La clave para entender esto es la simultaneidad de los eventos en la sociedad basada en medios electrónicos para su funcionamiento. Por primera vez en la historia, el capital, los mercados, funcionan en tiempo real a una velocidad casi tan rápida como la de la luz. Castells se aventura a culpar a la velocidad de las transacciones bursátiles de las crisis financieras de finales del siglo pasado y principios del siglo XXI. La supervivencia de las empresas dependerá de su capacidad para generar más rápidamente productos innovadores. El tiempo es utilizado como un recurso en la producción, pero no ya en un sentido lineal sino como un factor diferenciador de otras empresas, como un plus a ofrecer. Sólo con maquinaria super especializada, rápida y eficiente una empresa puede imponerse a la competencia. "Under such conditions time is not only compressed: is processed"14. Bajo esta racionalidad, el tiempo ya no es únicamente comprimido, sino que es procesado y ofrecido como un beneficio extra en la competencia por el mercado. De forma similar, el tiempo laboral remunerado a los trabajadores estructura el tiempo social en cuanto que se han diversificado las formas de trabajar; se han flexibilizado los horarios y esto afecta al conjunto de las actividades sociales tanto en el interior de la pareja y las familias como en las diferentes redes sociales. Como ya hemos mencionado, nos acercamos al punto en que el tiempo computacional transforma los ciclos vitales de los sujetos, pues ambos relojes —el biológico y el computacional— corren a ritmos diferentes. La simultaneidad de los acontecimientos en la red así como el tiempo atemporal dan paso a un tiempo virtual que, de acuerdo con Castells, está moldeando la mente de los niños en este novedoso contexto cultural hipertextual, multimediático, simultáneo y atemporal. Y, de modo paradójico, ésta es una cultura a la vez de lo eterno y de lo efímero. Es de lo eterno en la medida que va y viene hacia delante y hacia atrás en el orden secuencial de los eventos culturales, y es de lo efímero porque cada argumento, cada nuevo evento, tienen sentido de manera exclusiva en el contexto específico en el que se dan.

Con gran énfasis, Castells argumenta que no estamos en una cultura de la circularidad, sino en un universo de temporalidad indiferenciada de expresiones culturales.15 El tiempo atemporal pertenece al espacio de los flujos de información, mientras que el tiempo biológico y la disciplina del reloj pertenecen a los lugares. El espacio da forma al tiempo en nuestras sociedades, dice Castells, y así se revierte una tendencia histórica: ahora los flujos de información inducen el tiempo atemporal y los lugares están vinculados al tiempo: "Becoming structured, being time conformed space".16 Esto es que, al volverse el tiempo un ser estructurado, se conformó como espacio: el tiempo se encarnó en el espacio de los flujos de información.

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* El presente texto es un fragmento de uno más extenso visto en Argumentos (Méx.) vol.22 no.60 México may./ago. 2009.

Notas

1 Jeremy Rifkin, Time Wars. The Primary Conflict in Human History, Nueva York, Touchstone, 1989, p. 23.

2 Idem.

3 Marshall McLuhan, Understanding Media: The Extensions of Man, Nueva York, McGraw–Hill, 1966, p. 346.

4 J. Rifkin, op. cit., p. 39.

5 Ibidem, p. 121.

6 Marshall McLuhan, op. cit., p. 161.

7 Ibidem, p. 162.

8 Manuel Castells, The Information Age: Economy, Society and Culture, vol. I: The Rise of the Network Society, Oxford, Blackwell Publishers, 1996, p. 373.

9 Ibidem, p. 415.

10 Ibidem, p. 416.

11 Ibidem, p. 418.

12 Ibidem, p. 433.

13 Ibidem, p. 434.

14 Ibidem, p. 439.

15 Ibidem, p. 462.

16 Ibidem, p. 467.

Crítica & Reviews

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