En el nombre del padre / Esto no es una contrarréplica a Marcos Giralt Torrente

Mariano Navarro

Publicado el 2016-06-18

Tiene razón Marcos Giralt en calificar estos tiempos de abúlicos y desconfiar de que nadie entre a debatir verdaderamente ideas, por lo que le agradezco tanto la intención como el esfuerzo. Cosa muy distinta es que esté o pueda estar de acuerdo con sus afirmaciones.

No seré yo, desde luego, quien critique a un hijo por salir en defensa de lo que considere el buen nombre y la merecida fama de su padre, máxime si éste no puede hacerlo por sí mismo. De ahí que las notas que siguen no sean exactamente una contrarréplica a Marcos Giralt Torrente, sino la matización y en ciertos asuntos la ampliación y justificación de mis afirmaciones en la reseña Una ocasión perdida, publicada en estas mismas páginas, así como apuntar las que creo inexactitudes históricas y, en ocasiones, si no tergiversación, sí uso equivocado de los datos.

Sí diré, en primer lugar, que lamento que Marcos Giralt considere que arremeto de forma intempestiva y con inusitada agresividad contra el desaparecido Juan Giralt. Nada más lejos de mi intención. Ser un artista de mediana importancia, como le califico, es ser uno entre la mayoría de los artistas representados en los museos y por tanto jamás tendría equivalencia con ser un artista sin importancia. Secundario quizás, pero no inane.

De hecho su carrera cabe considerarla como fructífera. Giralt expuso con regularidad a lo largo de su trayectoria en galerías de cierto renombre, desde las primitivas Fernando Fé y Abril, hasta la más conocida Vandrés, y luego en otras como Fauna’s, Ruiz Castillo, Antonio Machón o Metta; participó en exposiciones internacionales y ferias; jugó un papel determinante en la selección de nombres que exponían en Vandrés e, inesperadamente la salida de esa galería –a veces se toman decisiones profesionales desacertadas– y un periodo personal de aislamiento lo alejaron de la primera línea, como por otras circunstancias distintas ocurrió también con otros artistas.

De que Giralt no fue nunca un artista en los márgenes da testimonio la biografía misma resumida en el catálogo y el listado de sus numerosas exposiciones individuales y colectivas, entre las que, por cierto, no estuvo nunca la Galería Fernando Vijande, como figura en su currículum y se ha afirmado en alguna reseña de la exposición; sí Vandrés, pero no Vijande.

Mis críticas no iban dirigidas, pues, a Juan Giralt, sino al modo y maneras con las que el MNCARS ha afrontado la exposición, que contradice el discurso de Manuel Borja-Villel en el libro objeto de mis notas y, yendo ahora algo más lejos, al fallido intento de hacer de Giralt lo que no fue ni por mucho empeño que se ponga en ello podrá ser.

La exposición y el catálogo no se corresponden con las normas del museo. La exposición, por cuanto el mismo Borja-Villel afirma que no le gustan las exposiciones biográficas y, sin embargo, firma ésta junto a Carmen Giménez (sin sic esta vez); extraña pareja comisarial que no tiene a bien incluir siquiera un texto en el catálogo sobre el artista, el único de Borja-Villel, dos páginas, lo firma como director, mientras Carmen Giménez se ha limitado a unas declaraciones a la prensa, que luego comentaré.

La parte teórica –imprescindible en todo trabajo que pueda llamarse comisariado– del catálogo la constituyen un texto de Francisco Calvo Serraller, titulado Pájaro solitario, otro del propio Marcos Giralt, y unas notas del artista. Alguien tendrá que explicar qué hay aquí de investigación y qué de reubicación histórica. Por mi parte lo creo más cerca de la hagiografía, comprensible en el hijo, pero inexplicable en los silentes comisarios.

No sé si está en las hemerotecas o no, ni tampoco me importa que críticos menos informados sigan sosteniendo la especie: Giralt no formó jamás parte de la Nueva Figuración Madrileña, ni fue uno de sus artistas fundadores. De serlo serían Rafael Pérez Mínguez, Carlos Alcolea, Carlos Franco, Guillermo Pérez Villalta y Manolo Quejido. Se añadiría algo más tardío Chema Cobo y cabrían quizás algunos ya más olvidados como Bola Barrionuevo. Podemos discutir más o menos sobre el papel de Luis Gordillo en esa generación, pero no el de Giralt, pues no lo tuvo. Siquiera cabe creer en esa extraña conspiración para eliminarlo del relato principal. Al menos, pese a mi cercanía a muchos de sus integrantes, nunca tuve noticia en aquellos años de algo semejante. Por cierto, no empecé como crítico en los años ochenta, soy más veterano, lo hice a mediados de los setenta, antes de la muerte del dictador, en los primeros momentos álgidos del propio Giralt, y mi primer comisariado se remonta a 1977.       

Respecto a la afirmación de que la muestra revaloriza al artista, quizás debería haber añadido que lo revaloriza “localmente”, como ha ocurrido y ocurre en otros casos, porque las exposiciones de artistas españoles organizadas por el MNCARS, al menos bajo esta dirección, rarísimamente itineran y, desde luego, nunca tienen repercusión alguna fuera de nuestras fronteras. El MNCARS es un museo internacional sólo como receptor de exposiciones, nunca como difusor del arte español, necesaria tarea de la que hace dejación, y cuando es coorganizador lo es de artistas extranjeros en colaboración con instituciones foráneas. A la fecha, la red de instituciones internacionales de la que su director presume no ha pescado ningún artista de nuestro país.

No quisiera terminar sin plantear por mi parte algunas cuestiones.

¿Por qué el extremado interés de Manuel Borja-Villel por conseguir organizar una exposición de Juan Giralt? ¿Quizás porque es un artista, –como dice, en su programático intento de ser padre de un nuevo canon–, “heterodoxo” de no sabemos qué ortodoxia entonces existente y que no tiene necesidad de aclararnos, más allá de la manida apelación, que ha hecho en otras ocasiones a “la pintura comercial de los ochenta”? Pintura comercial en la que, atendiendo a las líneas de las galerías que lo expusieron, cabría ubicarle, vendiera poco o mucho.

Y a Carmen Giménez, tras sus declaraciones a la prensa con motivo de la inauguración, pedirle, por favor, que dilucide de una vez, pues ella era uno de los cargos directivos más influyentes de la escena española de los ochenta, quién o quiénes estaban detrás de esa orden no escrita, pero al parecer vigente incluso para ella, que obligaba a iniciar el arte español con Sicilia, Barceló, Ferrán García Sevilla y poco más[1]. ¿El ministro Solana? ¿José Miguel Ullán? ¿Calvo Serraller? ¿Ella misma, que organizaba casi todas las exposiciones divulgadoras de artistas españoles?

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[1] «Carmen Giménez explica que tras la Transición había una consigna no escrita que asigna el inicio del arte contemporáneo en España a Miquel Barceló, José María Sicilia, Ferrán García Sevilla y poco más. “Yo misma hablé de exponer a los artistas anteriores de los sesenta y setenta y se me decía que eran historia pasada. Suena injusto, pero así fue”». García, Ángeles. “La generación silenciada” del 60, El País, 2-XII-201

Crítica & Reviews

Sección dedicada al análisis de las prácticas simbólicas. Cada domingo se publica un texto desde la consideración crítica a las producciones culturales, que abarca un espectro amplio de disciplinas artísticas y temas asociados al quehacer cultural.