A&H: identidad y estilo

Andrés Carretero

Publicado el 2017-02-19

 

A&H es una forma algo lejana en el tiempo, aquella que se refiere al primer estudio formado por Juan Herreros e Iñaki Ábalos a mediados de los años 80, cuya influencia se ha proyectado, desde una perspectiva histórica, sobre varias generaciones de arquitectos. Podría fijarse un momento fundacional de esta firma, o modo de hacer, con la publicación del Alfabeto A&H (El Croquis nº 55/56, 1992), escrito por Luis M. Mansilla y Emilio Tuñón, coetáneos y peers de Ábalos&Herreros, bajo cierta influencia epocal deleuziana, L'Abécédaire de Gilles Deleuze (1988-1996). Este alfabeto activa someramente, valiéndose de las letras del abecedario latino, una constelación abierta de conceptos que ayudan a explicar, a través de la relación entre textos y obras, el trabajo producido por aquella primera oficina. Como indican los autores, supone un medio para restituir la infraestructura teórica y biográfica de A&H, que recoge algunos intereses primeros, bien sea en forma de estrategias proyectuales o inquietudes teóricas. Aparece aquí, en un fragmento postal intercambiado con los protagonistas del texto, una declaración de A&H sobre su temprana adscripción al pragmatismo como sistema de pensamiento filosófico:

“(…) un tema del que no hemos hablado nunca, y que sin embargo tocáis indirectamente en el alfabeto, es el de nuestras referencias ideológicas, el sentido del pragmatismo y la idea de modernidad que tenemos y en la que nos apoyamos (…) Pero más importante para nosotros es todo el trabajo de Richard Rorty sobre la contingencia del lenguaje y del yo, la idea de redescripción como sistema creativo y su congruencia entre creación privada y sentimientos de solidaridad más genéricos. Es dentro del filón pragmatista, ahora llamado postanalítico, donde nos encontramos más a gusto, porque creemos que el conocimiento empieza con la creación de un léxico persuasivo y porque sabemos que si hay algo diferencial en el tiempo actual es probablemente una sensación distinta, la de instalarse cómodamente –sin desgarro, sin resignación, hasta con cierto optimismo– en la no trascendencia de lo contingente.” 1

Las referencias directas a la influyente obra Contingencia, ironía y solidaridad, del filósofo pragmatista norteamericano Richard Rorty, ayudaron a articular los primeros intereses de A&H en relación a la producción de este destacado intelectual ironista, comprometido con la minimización del sufrimiento como principio político y defensor del sentido práctico. Estas primeras inquietudes teóricas de la oficina toman forma en torno al mercado y la técnica, realidades instrumentales desde las que la arquitectura, como agente mediador, opera a su través. En la entrada M del Alfabeto, bajo el epígrafe “Mercado”, puede leerse la declaración de A&H que sigue: “la técnica a que nos referimos es ella misma el mercado”. Un enunciado que expresa la superposición de ambas entidades, confundiéndose la una con la otra en una relación causal donde la aceptación pragmatista-realista del mercado antecede a la técnica. Una asunción que constituye una técnica per se. En la promiscuidad entre técnica y mercado la primera funciona como agente objetivo encargado de la construcción física del entorno, mientras que sobre el segundo recaería la elaboración de subjetividad, “pues la identidad, no entendida ya como carácter sino como capacidad de reclamo (algo consustancial al mundo del mercado) encuentra su origen moderno en la publicidad”2. La necesaria construcción de una identidad como forma significante publicitaria que vehicule el contenido programático de la práctica profesional.

La pregunta por un nuevo estatuto para la técnica desde el interior de la arquitectura contemporánea se intensifica, dando lugar al libro Técnica y arquitectura en la ciudad contemporánea (Nerea, 1992), escrito conjuntamente por A&H a medio camino entre la historiografía y el manual, la teoría y la práctica. En este texto se lleva a cabo, con especial interés, una relectura de la arquitectura profesionalista y comercial de los años cincuenta y sesenta, presentándola como una primera anticipación de los rasgos característicos del posmodernismo, frente a otras visiones del mismo fenómeno, cientificistas y/o lingüísticas. La tecnificación no se muestra como una ideología universal, objetiva y teleológica, sino que se trata, más bien, de “repensar la técnica desde su doble acepción original (techné): como dominio de los medios instrumentales positivos y como actividad artística subjetiva, sin aceptar el carácter escindido con el que la práctica de la arquitectura se nos ofrece actualmente en sus momentos cognoscitivo y creativo.”3  No en vano la versión inglesa del libro, Tower and Office (The MIT Press, 2000), se subtitula “From modernist theory to contemporary practice”, literalmente “De la teoría modernista a la práctica contemporánea”, un subtexto que inscribe con precisión, mediante una terminología propia de la academia anglosajona, el debate en torno a la técnica que el libro actualiza –una de las preguntas esenciales del modernismo–, así como el posicionamiento de sus autores, quienes declaran no creer en la escisión entre teoría y práctica con la voluntad de encontrar nuevas articulaciones para que la arquitectura como “disciplina pueda seguir considerándose una práctica artística socialmente deseable.”

Poco después Alejandro Zaera escribe un texto seminal, “Ábalos&Herreros: una práctica significativa” (Gustavo Gili, 1993), que establece la toma de posición ideológica de la oficina en torno al pragmatismo y la técnica. Al comienzo de este escrito, recogido en el primer estudio monográfico sobre el trabajo de A&H, se describen brevemente las relaciones de producción y la infraestructura del estudio como un lugar donde se desarrollaban, en paralelo, la investigación teórica sistemática y la práctica arquitectónica mediante procesos de trabajo colectivos y desjerarquizados. Aquello que define a una entonces joven y novedosa infraestructura de producción arquitectónica, surgida en el Madrid de la Transición, con medios de organización autónomos y de escala pequeña, a la vez que nos habla de sus condiciones de posibilidad, muy alejadas del estudio clásico de arquitecto, jerárquico, solitario y heroico. Una infraestructura difícilmente replicable, desde el contexto de la España en crisis de hoy, pero de la que aún pueden obtenerse lecciones operativas.

El elemento vertebrador más novedoso de la propuesta interpretativa de Zaera es la recuperación de la cuestión técnica como tema del proyecto arquitectónico, entender la técnica como un “medio sobre y desde el que actuar”. Una alternativa al debate sobre el lenguaje, entonces de actualidad, y respecto del cual la técnica no es ajena en modo alguno pues, según la visión pragmatista de Richard Rorty (donde los conceptos de invención lingüística y resdecripción metafórica son fundamentales) cabe repensar la técnica como un medio lingüístico:

“La técnica, frente al estilo, posee una faceta intersubjetiva, y por lo tanto comunicable, no construida simplemente sobre la experiencia individual o el devenir de los acontecimientos. De su aproximación a la cuestión técnica, Ábalos&Herreros extraen un sistema operativo del que se podría extirpar el discurso específicamente tecnológico sin perjuicio para la integridad de la estructura. Tal sistema se origina en la necesidad de dotar a la práctica de una dimensión significante –es decir, no puramente subjetiva o particular–, como lugar donde los problemas de construcción de la realidad se resuelven. Tal sistema concluye en la inoperatividad de establecer un lenguaje o “estilo” como esencia de la actividad práctica. La práctica se convierte así en el lugar donde el discurso de Ábalos&Herreros se origina.”4

El estilo, según ha señalado María Teresa Muñoz, es “un término oscuro y poco valorado tanto entonces como ahora en la crítica arquitectónica, en su doble acepción de modo de hacer individual y quizá la más generalizada como estilo colectivo, que es propio de determinadas épocas”.5 La práctica, fundamentada en la redescripción de la técnica como lugar desde el que operar, no se opondría a una noción de estilo como lenguaje colectivo, pero tampoco a su definición como elaboración subjetiva. Cabe preguntarse entonces si una práctica de este tipo –fundamentada en un pensamiento técnico como lenguaje compartido, sistemático y sostenido en el tiempo– puede llegar a constituir un estilo por sí misma.

La idea de que “no es ya la propia noción de estilo tan importante como la forma misma en que ese estilo se presenta”6, vendría a corroborarla el filósofo Giorgio Agamben en Toward an Ontology of Style, donde traza una posible genealogía del estilo desde una perspectiva política, deteniéndose en conceptos como la manera, el modo, el cómo, para llegar a establecer una estrecha relación entre “forma-de-vida” y estilo:

“En el pensamiento occidental, el problema de la forma-de-vida ha emergido como un problema ético (ethos, el modo de vida de un individuo o grupo) o como un problema estético (el estilo en que el autor deja su huella en el trabajo)”.7

Una práctica, o un estilo, que se caracterizaría por un uso muy particular de la técnica en la construcción del entorno, a la vez que sería indisociable del despliegue progresivo de una identidad.8 Allí donde mercado, publicidad, y producción de arquitectura llegan a hibridarse y confundirse.

---------------------------

Imagen: Aula medioambiental PIRS (Tenerife), collage de Ábalos & Herreros, 1997.

Notas

1. Ver Mansilla, L. y Tuñón, E., Alfabeto A&H, El Croquis nº 55/56, Madrid, 1992.

2. Ibid.

3. Ábalos, I. y Herreros, J., Técnica y arquitectura en la ciudad contemporánea 1950-2000, Nerea, Hondarribia, 2000 [1992].

4. Zaera-Polo, Alejandro, “Ábalos&Herreros: una práctica significativa”, Ábalos&Herreros, Gustavo Gili, Barcelona, 1993.

5. Muñoz, María Teresa, La desintegración estilística de la arquitectura contemporánea, Ediciones Asimétricas, Madrid, 2012 [1998].

6. Ibid.

7. Agamben, Giorgio, “Toward an Ontology of Style”, e-flux journal #73, mayo de 2016. Traducción del autor.

8. La indisociable relación existente entre la identidad y las prácticas a las que uno se entrega es tratada en profundidad por Richard Rorty en el capítulo “Creación de sí mismo y afiliación”, Contingencia, ironía y solidaridad, Paidós, Barcelona, 1991 [1989]. Una noción de estilo coincidente con la aquí se plantea, apoyada en términos como “construcción de entorno” y “autocreación”, es ensayada regularmente por el crítico de arte Peio Aguirre en su blog Crítica y metacomentario, www.peioaguirre.blogspot.com.

Crítica & Reviews

Sección dedicada al análisis de las prácticas simbólicas. Cada domingo se publica un texto desde la consideración crítica a las producciones culturales, que abarca un espectro amplio de disciplinas artísticas y temas asociados al quehacer cultural.