Francia y las encrucijadas del sistema

Peio Aguirre

Publicado el 2017-04-23

Francia es un país acogedor y a la vez difícil. Una nación cuya singularidad histórica la sitúa a la cabeza de las revoluciones desde 1789 hasta 1976. Esta historia revolucionaria pasaría de la Revolución Francesa a la de 1848 con la Segunda República Francesa, luego la insurrección socialista de la comuna de París, más tarde anarco-sindicalista, comunista y finalmente izquierdista (por no mencionar la revuelta de Mayo del 68). En 1976 –con la dupla Giscard d'Estaing y Chirac– esa misma tradición emancipadora entró definitivamente en barrena. El periodo en el que ahora estamos comenzaría alrededor de esa fecha, con eso que denominamos neoliberalismo. Pero Francia ya no es presentable como lugar privilegiado de esa tradición revolucionaria. Más bien se le puede caracterizar como una colección de intelectuales identitarios. El mal viene de más lejos. Ésta es la tesis que el filósofo Alain Badiou desarrolló en una conferencia ahora célebre. El libro saliente de aquella conferencia, Notre mal vient de plus loin. Penser les tueries du 13 novembre [1] (Fayard), bien puede servir como un mapa a la hora de pensar el caótico estado del mundo.

Como era de esperar en Francia, esta conferencia de Badiou obtuvo una respuesta controvertida: resulta siempre más fácil culpar a los identitarismos y a las guerras de los males que nos asolan que elaborar una crítica del capitalismo multinacional como sistema único y omnipresente. En la víspera a las elecciones presidenciales (pasadas las primarias de la derecha y la izquierda) una tensa calma se acumula a la espera del desenlace final. El hipotético duelo en una segunda ronda entre Macron y Le Pen, o entre ésta y Mélenchon, o entre cualquiera de las combinatorias que puedan salir de los cinco candidatos (Macron, Le Pen, Mélenchon, Fillon, Hamon), alimentan estos días las encuestas. Nada parece claro y el futuro es incierto. En la era de la post-política, que no es otra cosa que la política espectáculo, las encuestas y los sondeos modifican literalmente la intención de voto convirtiendo la democracia en una gran feria. En lugar de ofrecer una muestra fidedigna de la intención de voto, las encuestas actúan como un sismógrafo que pueden hacer bascular los resultados. No es que la gente mienta o esconda sus intenciones, sino que la intención de voto se ha autonomizado de tal modo, cobrando vida propia, que ya no es capaz de servir como la herramienta sociológica que se le presupone. La intención de voto y los sondeos actúan como mecanismos al servicio del espectáculo mediático, el cual domina la política. Francia parece estas últimas semanas un país indeciso, de sondeos ajustados y estrategias múltiples entre los cinco candidatos que promete una segunda vuelta imprevisible. Posiblemente Francia es el país del mundo después de los Estados Unidos más propenso a esta política-espectáculo. Lo visto estos últimos seis meses así lo corrobora. Las primarias de la derecha primero, y la izquierda después, han sido el laboratorio donde se ha testado una tele-política que tanta influencia ha tenido tanto en el Brexit como en Trump. Hay varios casos y situaciones en los que testar la masiva presencia de los medios de comunicación en la política. En el caso francés esta simbiosis entre los media y la política tiene un nombre concreto: Emmanuel Macron.

 

Todo comenzó el pasado 30 de agosto cuando Macron, primero asesor económico de Hollande y desde 2014 poseedor de la cartera de economía, dimite como ministro para consagrarse al movimiento político En Marche !, fundado por él mismo unos meses antes.

Desde el inicio de su proyecto independiente, Macron apunta directamente al Eliseo. Esta “fuga” del Partido Socialista debe interpretarse como parte de la disgregación y caída en pena del partido de Hollande y Manuel Valls en esta legislatura, y también como síntoma del impulso liberal y economicista que late en el socialismo europeo actual. Macron el outsider, el anti-sistema (sic), el ultra-liberal, personalista y carismático, el centrista ni de izquierdas ni de derechas, la nueva imagen aseada de la política francesa, capaz de rasgarse la voz y entrar en estasis con motivo de su primer gran mitin de campaña (11-12-2016). Fue a partir de la “sorpresa” de Trump en las elecciones a la Casa Blanca que el papel jugado por los media ha comenzado a ponerse en entredicho. También entonces fue cuando un aspirante convertido en la “esperanza blanca” del sistema comenzó a postularse como una alternativa plausible. Como comentó en su día el filósofo y economista Frédéric Lordon desde su blog en Le Monde Diplomatique y a cuenta de la posverdad, si la elección de Trump reveló “un problema con los media”, ello no era que no lo “habían visto venir, ¡sino más bien el haber contribuido a producirlo!”[2]

Con Macron, pronto se vio que el sistema bancario tenía a su candidato ideal. La reciente obsolescencia de los términos de “izquierda” y “derecha”, la crisis de los partidos tradicionales, le Parti Socialiste y les Républicains, Hollande y Sarkozy, vendrían a poner en liza un candidato cuya ascensión mediática ha sido imparable desde ese día, pues representa la cara más amable y encantadora de la post-política. Es el candidato de los medios de comunicación, la novedad en la partida. El descalabro del PS, la salida de la pelea de Sarkozy y la elección de la figura neutra y distante de François Fillon en las filas del LR, salpicado por el escándalo de la corrupción y los favores económicos hacia su mujer, parecerían alinearse con el candidato prefabricado, como aquel que gana una competición ciclista por las caídas y pinchazos de sus adversarios. Todo ello lo ha convertido en la alternativa del sistema contra la amenaza de Marine Le Pen y le Front National. Él, Emmanuel Macron, auto-declarado anti-sistema, es la baza de un sistema (que no es únicamente francés sino mundial) que ha aprendido de sus errores (véase Trump). Como ha dicho recientemente el propio Lordon (sin duda una de las voces más críticas e insumisas del panorama intelectual francés), Macron es “el espasmo de un sistema que empuja a su paso, su solución final, la única forma de disfrazar la continuidad de ser intolerable para el resto de la sociedad”.[3] Y es que la lista de apoyos a Macron es larga: desde el propio Manuel Valls, quien ya ha dicho que votará a Macron en vez de al elegido en las filas de su propio partido, Benoît Hamon, a otros exiliados socialistas vendidos al capital, comunistas pasados a la derecha y ultraliberales de derecha. Cualquiera que sea el resultado en la primera vuelta el 23 de abril, Macron certifica la post-política y el triunfo del editorialismo. En el caso francés, son los millonarios quienes poseen la prensa y emprenden llevar a un banquero a la presidencia de la República. La tensa relación entre los candidatos y los medios periodísticos, que ha deparado tensiones y rifirrafes insólitos, nunca antes vistos, certifica que estas son las elecciones más agresivas, decisivas, y mediáticas de la historia del país.

Mientras tanto, el candidato del sistema sería percibido con buenos ojos a este lado de la frontera, como un síntoma del mantenimiento del status quo. No deja de sorprender, por comentar, la intencionalidad ideológica con la que el periodismo patrio aborda el caso francés y que, con motivo de la escalada en los sondeos (otra vez la intención de voto) del curtido y experimentado comunista Jean-Luc Mélenchon, a éste se le asigna el papel de apoderado del populismo en auge, populismo de izquierdas se entiende, en contraposición al populismo de derechas (o de extrema derecha) de Marine Le Pen.[4] El populismo como eufemismo del comunismo. La ideología opera en todos los frentes y en Francia, al candidato del PS, Hamon, se le ha tildado de comunista. Ver para creer.

Macron representa además una tregua a los debates sobre la identidad que siguen aumentando desde la irrupción del terrorismo islamista. Mientras que la lista de traumas nacionales no ha dejado de crecer desde el 7 de enero 2015 y el ataque a Charlie Hebdo. Desde entonces, el país ha sufrido los atentados en la sala de conciertos Bataclan y en las calles adyacentes ese mismo año, el atropello masivo en Niza el 14 de Julio 2016, el asesinato del sacerdote Jacques Hamel y otros crímenes de autoría yihadista, como los que recientemente ocurrieron en París, el jueves 20 de abril, en los días finales de la campaña. A raíz de esto, Francia ha aumentado sus ataques contra el Estado Islámico en distintas partes del mundo en una guerra abierta y declarada, sin olvidar la situación del campo de refugiados en Calais y la polémica del “Burkini” que tanta polvareda levantó durante el verano pasado. El terrorismo ha puesto en jaque los valores de la República. El laicismo, la convivencia, la inmigración y también la religión han estado en el centro de la agenda política y social como nunca antes. La presencia de esa especie muy francesa que son los intelectuales en los debates televisivos ha sido una constante en estos últimos dos años. No hace tanto que las llamadas a la identidad y al espíritu nacional rayaban en lo más alto y en lo más profundo de las gargantas: “¡La France!” “¡La France!” La amenaza de ruina del Estado ha latido durante todo este periodo. La identidad nacional está en el centro del debate, algo que tanto el LR y el FN han exprimido a fondo.

La salida caricaturesca de Sarkozy durante las primarias fue muy comentada, cuando manifestó que “tan pronto como usted se convierte en francés, sus antepasados son los galos”,[5] para irrisión de todo el personal y el consiguiente escarnio público. Mientras esto sucedía, el Partido Socialista prolongaba su pena. El presidente Hollande encendió la bancada derechista al declarar que “la mujer con velo de hoy en día será la Marianne de mañana”.[6] Mientras esto sucedía en los dos partidos mayoritarios, Macron comenzaba a acumular portadas, muchas de ellas en Le Nouvel Observateur, ahora L'Obs, conocida revista semanal de gran tirada y tendencia social-demócrata. El paralelismo entre Trump y Le Pen parece obvio desde el punto de vista de la ideología, pero ¿y si desde la post-política y la tele-política el paralelismo fuera más con Macron? Si algo demuestra la actual coyuntura, es que el despliegue de los afectos, o la capacidad de afectación, cualquiera que sea la forma que estos puedan adoptar, incluyendo el carisma o el odio, es mucho más efectivo en la actual post-política que el intercambio racional de ideas y mensajes políticos.

El diario Libération realizaba un número íntegramente redactado por historiadores, analizando el revival que la disciplina de la historia tiene actualmente en Francia[7]. Que la historia no sea quizás un relato sino algo más complejo, pero que solo y exclusivamente nos es accesible bajo la forma narrativa del relato es aquí un imperativo. La derecha ha echado mano de una buena flota de historiadores para componer -o mejor dicho recomponer- el relato, la novela nacional. Exaltar el sentimiento patriótico instrumentalizando el pasado, en una regresión identitaria, ha sido la línea de los conservadores del LR. En la portada de Libération, Sarkozy y Éric Zemmour, último vocero mediático de los conservadores, aparecían convertidos en Astérix y Obelix. Los galos en los programas escolares, la utilización de un pasado mítico y revisitado con fines políticos se convierte en un útil en campaña, una idea fija de la derecha. Los historiadores reclutados son también estrellas de los medios, con Alain Filkienkraut a la cabeza. Pero es precisamente el peligro de reforzar las pulsiones identitarias y el sentimiento nacional como mecanismo de defensa ante las masacres ocurridas, si bien esto es un mecanismo natural, a lo que Badiou apela en su texto.

Sería igualmente limitado periodizar este desfile mediático, tensionado, a partir de un 7 de enero de 2015 en la sede de un periódico satírico, izquierdista y minoritario. Si seguimos la pista de Badiou, nuestro mal viene de más atrás. ¿Pero desde cuándo? El texto saliente de Badiou es la transcripción de un seminario del filósofo francés pronunciado el 23 de noviembre del 2015 en el teatro de la Comuna de Auberviliers. Es decir, solo diez días después del ataque terrorista en la sala Bataclan, y en medio de la conmoción y el duelo nacional por las víctimas. La claridad de exposición y el tono expuesto, enfático, vehemente, no se deja amedrentar por el ruido de fondo. Hay afecto en el tono, voluntad de comprender en las palabras. ¿Cuál es la tesis entonces? En esta conferencia Badiou esboza lo que es la estructura objetiva del mundo en el que vivimos, especialmente a partir de la década de los ochenta del pasado siglo. Esto es, el triunfo del capitalismo mundializado, “el retorno de una especie de energía primitiva del capitalismo, lo que se ha llamado de un modo contestable el neoliberalismo”. La secuencia de acontecimientos que sigue a este hecho, prácticamente hoy en día incontestable, ha de ser entonces desplegada.

Este triunfo del capitalismo, instalado de manera explícita a una escala planetaria ha producido una serie de reacciones en cadena. La primera de ellas es un debilitamiento de la forma Estado. El empobrecimiento de los Estados está en consonancia con la lógica del capitalismo mundializado, es decir, la lógica de no tener ya una relación directa e intrínseca en la subsistencia de los Estados nacionales, porque su despliegue es hoy en día transnacional. A este debilitamiento le seguirían nuevas prácticas imperiales y modos de acción de fuerzas en esta extensión mundial del capitalismo. Los efectos de este desmantelamiento de la forma Estado, en consonancia con una mundialización de la economía, tiene en la población un efecto masivo de desigualdad. Las cifras aportadas por Badiou, aunque el pensador no especifica sus fuentes, señalan que una oligarquía planetaria que representa alrededor del 10% de la población posee el 86% de los recursos disponibles. Esto deja una masa a escala mundial sin recursos o en situación de precariedad, mientras que una clase media en los países llamados avanzados sobrevive, por no ser enviada o identificada directamente con aquellos que no poseen nada. Es esta clase media la que es porosa al racismo, la xenofobia y al desprecio hacia los desposeídos.

Es en el interior de esta coyuntura mundializada, de guerra económica, que Badiou ve el origen de la subjetividad nihilista que explicaría, a su juicio, “que zonas enteras estén entregadas a un gangsterismo político de tipo fascista” en el que predomina el bandidaje. Mientras que gran parte de los intelectuales conservadores ve en el terrorismo islamista la consecuencia de la radicalización de la religión, Badiou señala que, si bien la religión puede ser la “salsa identitaria” de todo ello, las causas más profundas han de rastrearse psicoanalíticamente en el deseo frustrado de Occidente y en la perversión subjetiva de la fascinación fascista en zonas donde la forma Estado ha dejado de funcionar hace mucho tiempo. Las condiciones de un retorno a una política de emancipación separada del esquema del mundo contemporáneo, ante la ausencia de un horizonte político, es lo que en esa conferencia se esboza. Una manera de pensar internacional, a la altura de la mundialización misma porque, como dice Badiou, los capitalistas han dejado ellos mismos de ser franceses y han tomado la delantera, y están como en casa en Shangai, San Francisco, Marruecos o Sao Paulo. Lo que está en juego en Francia es calibrar el modo en el que acaba ganando el sistema, y quizás discernir si el futuro muestra una rendija al cambio, en ese país como en otros.

 

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[1] Las traducciones al castellano, Nuestro mal viene de más lejos (Capital Intelectual/ Clave Intelectual), y al inglés, Our Wound is Not So Recent: Thinking the Paris Killings of 13 November (Polity), han tenido un amplio eco desde su publicación.

[2] Frédéric Lordon, “Politique post-vérité ou journalisme post-politique ?”, blog “La pompe à phynance”, Le Monde Diplomatique (22-11-2016). http://blog.mondediplo.net/2016-11-22-Politique-post-verite-ou-journalisme-post

[3] Frédéric Lordon, “Macron, le spasme du système”, blog “La pompe à phynance”, Le Monde Diplomatique (12-04-2017). http://blog.mondediplo.net/2017-04-12-Macron-le-spasme-du-systeme

[4] Véase El País, 13-04-2017.

[5]Dès que l'on devient Français, nos ancêtres sont Gaulois”. (19-09-2016).

[6]La femme voilée d'aujourd'hui sera la Marianne de demain” (11-10-2016).

[7] Véase Libération, 6 de octubre 2016. El titular decía: “Rehacer la historia, idea fija de la derecha” [“Refaire l’histoire, idée fixe de la droite”]

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Sección dedicada al análisis de las prácticas simbólicas. Cada domingo se publica un texto desde la consideración crítica a las producciones culturales, que abarca un espectro amplio de disciplinas artísticas y temas asociados al quehacer cultural.