Tetrápodos entre las ruinas -episodios inadvertidos de crítica institucional en España-

Juan de Nieves

Publicado el 2017-11-26

El primero de mayo de 2009, coincidiendo con el día Internacional de los trabajadores, el MARCO de Vigo inauguró un proyecto de Santiago Sierra que, en palabras de los representantes de la institución, iniciaba una nueva línea de exposiciones individuales en dos direcciones, bien de carácter retrospectivo o a través de proyectos específicos.  El proyecto de Sierra estuvo adscrito a esta segunda vía a pesar de que dista mucho de ser una “exposición”, o al menos una exposición entendida de manera ortodoxa, esto es, aquellas que responden a la disposición de objetos artísticos en un espacio determinado y siguiendo ciertos criterios y convenciones museísticas en torno a las ideas de ordenación, clasificación o temporalidad. Por el contrario, el proyecto de Sierra se define mejor como una instalación site specific concebida para las salas de la planta baja del museo; unos espacios, por cierto, que nos remiten al antiguo uso del edificio como cárcel[1]. De hecho, y a la hora de enunciar y describir este trabajo, Sierra no se refiere en ningún momento al MARCO, sino al Antiguo edificio de los Juzgados y de la Cárcel de Vigo. Esta estrategia de “desvío” deliberado frente a la institución queda de manifiesto también en la propia naturaleza del proyecto, es decir, en las acciones y en los elementos físicos que lo compusieron, así como en la manera en la que unas y otros se desplegaron en el espacio y en el tiempo. Así, la pieza central del proyecto, “Instalación de 54 tetrápodos de cemento para escollera”, pudo ser contemplada por los visitantes mientras tenía lugar su instalación en el espacio. Durante los tres días previos a la “inauguración”, se invitó a la ciudadanía a observar el aparatoso despliegue de estos tetrápodos en las salas del antiguo panóptico.

Desde el primer piso del museo, los visitantes participaron del ritual, siempre fascinante, de la observación ociosa. Aunque la escena se desarrollaba en el interior del museo, las miradas pudieron liberarse de la fatigosa interpretación que exige el arte, para dejarse seducir por una simple “acción laboral” en toda regla, idéntica a otras que habitualmente suceden en el espacio público, sin ninguna "carga cultural".

Una segunda “pieza” titulada “Cesión del espacio expositivo a la autoridad para el anuncio y muestra de decomisos”, desbordaba el periodo temporal del proyecto en el museo, ya que facilitó dichos espacios a la policía nacional, durante todo el año, para que presentasen en el auditorio del MARCO los decomisos que normalmente realizan –de la manera en que normalmente los hacen– en sede policial. Del mismo modo, otra de las “obras” que conformó el proyecto fue la proyección de la charla de José Luis Velasco “Para los trabajadores siempre hay crisis”[2], sin embargo, esta solo tuvo lugar en dos momentos precisos durante el tiempo en el que el proyecto estuvo disponible para los visitantes.

Con este trabajo Sierra se adelantó unos meses a algunos de los métodos y desplazamientos que Isidoro Valcárcel Medina llevó a cabo en su proyecto para el MNCARS, Otoño de 2009. Vale la pena recordar que este artista, prefiere referirse a “circunstancias” en lugar de obras de arte. En el texto que escribió como presentación de su proyecto nos explica el sentido de este término para él:

“La circunstancialidad es una sustancia tan insobornable como el verdadero arte, de manera que, cuando sobreviene, se muestra palmaria, nos parece evidente. Del mismo modo, lo intrínsecamente artístico, cuando nos rozamos con ello, parece obvio, no necesita razonamiento ni admite discusión. Y sobre todo: cómo y cuándo nos acometen las cosas es una circunstancialidad que, a más de insoslayable, podría resultar creativa... Y no hay quien escape de esto último; tanto que podríamos definir el arte como una (tal vez la mejor) acción ante la circunstancia”[3]

Ambos artistas, a partir de estrategias y herramientas diversas, coinciden en una misma actitud crítica ante las convenciones del arte y de la institución museo. También problematizan los términos comúnmente asociados al lenguaje artístico; así los títulos de sus piezas responden a criterios descriptivos y huyen de cualquier connotación poética o metafórica.

Los proyectos de Sierra y de Valcárcel Medina a los que estamos haciendo alusión se produjeron correlativamente en dos instituciones museísticas españolas, cuyas misiones y programas podrían aproximarse en términos generales, pero que sin embargo difieren en los logros y en las rentabilidades obtenidas cuando están planteando proyectos de naturaleza similar. No cabe duda que, tanto el MARCO como el MNCARS, quedaron legitimados con la elección de cada uno de los artistas, ya que tanto Valcárcel Medina como Sierra poseen la “excelencia” requerida por ambas instituciones; algo que podría resumirse en la relevancia de sus trayectorias o en la posición internacional que ocupan. Ambos factores de alguna manera justificaron su presencia por encima y a pesar del carácter explícitamente crítico de sus intervenciones.

Aunque podría pensarse que ambos proyectos supusieron un intento por reintroducir el viejo asunto de la crítica institucional en un contexto como el español en el que, por cierto, apenas si ha tenido relevancia, hemos de convenir sin embargo que tan solo representaron casos aislados y, nos atreveríamos a decir, coqueteos por parte de la institución del museo para romper las reglas del juego. Eso si, garantizando de antemano y a través de toda la maquinaria disponible, una dulce vuelta al orden. En cualquier caso, tanto Isidoro Valcárcel Medina como Santiago Sierra realizaron sus proyectos sin cortapisa alguna por parte de ambas instituciones, sin cuestionar evidentemente los contenidos pero tampoco la ruptura de algunas de las convenciones museológicas a las que antes hacíamos alusión.

Otoño de 2009 podría calificarse como un proyecto de éxito, aunque minoritario si lo comparamos con otras exposiciones celebradas en el Reina Sofía. Para la mayor parte de los visitantes, acostumbrados a seguir las indicaciones habituales del museo, desde las banderolas situadas en la fachada hasta la señalética convencional que nos indica el camino a seguir, el proyecto pasó casi desapercibido. Incluso los más avezados y conocedores del trabajo de Isidoro Valcárcel, requirieron del personal de salas para poder orientarse sobre la localización de las “circunstancias” diseminadas en diferentes espacios del museo. Fueron muy pocos los que llegaron a tiempo para contemplar la retrospectiva de su trabajo, instalada –o amontonada– durante tan solo tres días en uno de los corredores del edificio, y algo parecido sucedió con los paseos comentados por el propio Valcárcel entre el museo y el parque del Retiro. Pero a pesar de estas “dificultades programadas”, que tanta satisfacción provocan en el artista, el proyecto fue bien recibido por la crítica y por los profesionales del arte.

Un año más tarde, el Reina Sofía presentó Otoño de 2010[4] con la intención, suponemos, de seguir “retándose” con intervenciones no regladas, tal y como Valcárcel Medina había hecho un año antes con su proyecto. Pero lo que podríamos entender como un intento por romper los protocolos de la institución y generar nuevas relaciones con sus públicos, se quedó, a nuestro juicio, en una mera ocupación de espacios “no expositivos” dentro del museo. Sin embargo, y a diferencia del proyecto hecho por Valcárcel, la institución no supo o no quiso dar un paso más en esta vía que incorpora la autocrítica, quizás suponiendo que la institucionalización de estas contraprácticas le llevarían a un territorio excesivamente pantanoso. De hecho, lo que nació con una vocación programática, se quedó en un hecho aislado que nunca más volvió a repetirse.

Mientras que en el otro escenario que nos ocupa aquí, el proyecto de Sierra en el MARCO, leemos en el comunicado de prensa del museo las virtudes del artista y su proyección internacional, transmitiendo la idea de la gran oportunidad estratégica de presentar su proyecto en la institución. En otro orden de cosas, ese momento coincidió con el inicio de una política de austeridad presupuestaria; la producción específica en el ámbito local parecía ser más menos costosa que los gastos derivados de los transportes e instalación de algunas de las piezas que habitualmente conformaban los proyectos internacionales del museo. Posiblemente Sierra sea el artista más relevante al que el museo le haya dedicado una exposición de carácter individual. Sin embargo, esta condición preliminar que podría garantizar el éxito social y mediático, no tuvo los resultados esperados. Es más, sospechamos que constituyó uno de los detonantes en el deterioro de las relaciones entre el ayuntamiento de la ciudad –miembro de la Fundación MARCO y principal patrocinador de todas sus actividades– y el museo. La falta de entendimiento por parte de la clase política ante un proyecto claramente crítico y transgresor[5] con la propia institución, así como la poco entusiasta, cuando no negativa, respuesta mediática, pusieron de manifiesto ciertas paradojas que a la vez nos pueden ayudar a entender cuestiones trascendentales sobre la misión de los centros y museos dedicados al arte contemporáneo y sus rentabilidades públicas y operaciones estratégicas. Pero también nos ilustran sobre las irreconciliables diferencias entre los museos y las instituciones públicas que las sostienen. En definitiva, sobre el largo y tortuoso camino entre el arte y el aparato político e ideológico que hace posible –no sin cobrarse los peajes pertinentes– su visibilidad.

Unos meses antes de su proyecto en Vigo, Sierra presentó en la galería Helga de Alvear su proyecto “Los penetrados”. En una entrevista[6] concedida al suplemento El Cultural declaró: “Mi trabajo nunca llega a ser crítico. La crítica la trae uno puesta de casa”. Al margen de las polémicas que suscitan sus obras, y de los odios y pasiones que estas generan, pocas declaraciones han sido tan contundentes y honestas en el reciente panorama artístico del estado español, y deja en evidencia muchos de los prejuicios que llevamos incorporados ante gran parte de las prácticas artísticas del presente.

El proyecto de Santiago Sierra para el MARCO de Vigo constituyó uno de los episodios más silenciados en la historia del museo. Si pudiéramos ilustrarlo en términos metafóricos, lo compararíamos con un objeto volador no identificado que tan solo unos pocos tuvieron la suerte de ver, pero menos aún de vislumbrar la trascendencia, así como las repercusiones profundas que dejó en la institución. Tras la instalación de los tetrápodos y de la acción laboral que implicó su colocación, las salas del museo se mostraron por primera vez como una suerte de escenario de una batalla que acababa de concluir: paredes falsas desmontadas, escombros, algunas herramientas olvidadas, suciedad. Lejos de ser un simple decorado, el proyecto parecía evocar aquella serie de ensayos escritos por Douglas Crimp en los años ochenta, bajo el epígrafe de “Sobre las ruinas del museo”[7].

A partir del pensamiento de Theodor Adorno, Crimp apuntaba –en el contexto norteamericano de la crisis del SIDA– la falta de una relación vital entre los objetos museísticos y las audiencias, o más bien, la responsabilidad de la institución como principal vehículo en la desactivación de unos objetos que están siendo producidos para ésta, y que por lo tanto, están ya muertos cuando nacen. O dicho de otro modo, la institución museística se vería incapaz de despojarse de su cualidad eminentemente idealista y autoritaria, desestimando la oportunidad de redefinir su rol, sus relaciones con las audiencias y, en definitiva, sus potencialidades como institución social y activa.

Más de treinta años después de estas formulaciones, seguimos inmersos en las mismas inercias. Las tan manidas particularidades del reciente contexto institucional en España, su aparición repentina y sobresaltada, las urgencias por ponerse al día tras décadas de tierra baldía, la irrupción no menos apresurada y con grandes alharacas del mercado en la escena… todos ellos son aspectos que no han hecho sino acrecentar aquello que cuesta mucho seguir maquillando y sosteniendo. La crisis de la institución museo en el estado español se sitúa en un nivel que ya poco tiene que ver con la calidad de sus programas o con la correcta sistematización de sus procedimientos –eso que llamamos profesionalidad–, y menos aún con los dramáticos ajustes presupuestarios. Todo esto va de soi. Sin el cumplimiento, o con la falta, de estas condiciones, estaríamos hablando de otra cosa diferente del museo. Pero aún valorando el rigor con el que algunas de estas instituciones abordan los relatos del arte y las circunstancias históricas en las que se enmarcan, hasta ahora han sido y son incapaces de resolver una necesaria articulación entre la producción estética y la vida social.

Sorprendentemente el proyecto de Santiago Sierra resultó de algún modo premonitorio, especialmente si atendemos a las circunstancias actuales del museo vigués. Hoy, el MARCO constituye la victima más reciente, en el contexto español, de unas inercias demasiado tiempo sostenidas y alimentadas[8]. Un campo de cultivo idóneo para una desmesurada y errática intromisión política basada en un desprecio absoluto, no solo a la institución, sino a las capacidades del arte como herramienta, espacio y dispositivo de transformación social.

 

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[1] Un año antes, y en marco del proyecto 7+1 Projects Rooms, la artista Tania Bruguera realizó una pieza que rememoraba la memoria histórica del edificio, reproduciendo esquemáticamente el aspecto original de una de las galerías de la planta baja destinada a las celdas de los presos.

[2] En este caso, Sierra se apropió de una charla-debate pronunciada un año antes por José Luis Velasco, economista, historiador y ex secretario general de CNT, titulada “Para los trabajadores siempre hay crisis. Situación económica: causas, efectos y soluciones analizadas desde el anarquismo”, celebrada en la sede del sindicato en Tirso de Molina y organizada por el Sindicato de Artes Gráficas de Madrid.

[3] Folleto de Valcárcel Medina. Otoño de 2009. MNCARS, Madrid, 2009.

[4] El proyecto contó con piezas de Pedro Bericat, Atelier Bonanova, Trinidad Irisarri y Domingo Mestre, las cuales se instalaron en diferentes lugares del edificio del museo que habitualmente no se destinan a albergar exposiciones.

[5] Uno de los episodios más controvertidos del proyecto se refiere a la pieza “Cambio de placa” que consistió en la sustitución de la placa oficial en la entrada del museo, y que da cuenta de la inauguración del edificio en el año 2002 por el entonces Príncipe de Asturias, por otra en la que se prohibía la entrada al museo a una larga lista de personas y organizaciones de “dudosa” reputación. Se trata del único trabajo de Sierra ya existente que se incorporó al proyecto. Este gesto, que se entiende bien si tenemos en cuenta el antiguo uso del edificio como antiguos juzgados y cárcel de la ciudad, pero de una clara incorreción política desde el presente, molestó especialmente al consistorio municipal y  supuso un enfrentamiento manifiesto con los responsables del museo.

[6] “Santiago Sierra: Sexo y poder”.  Rocío de la Villa y Bea Espejo. El Cultural, 16/1/2009.

[7] Resulta muy ilustrativo el texto de Douglas Crimp “De vuelta al museo sin paredes” publicado por la Revista Arena en febrero de 1989.

[8] Para los lectores que desconocen las problemáticas del arte y las instituciones culturales en España, a continuación pueden consultar varios documentos acerca de la grave crisis en la que han sumido a este museo gallego -N. de la E.-

Juan de Nieves, "MARCO á deriva" En: https://saltamos.net/marco-vigo-deriva/

José Manuel Costa, "El alcalde, el museo, la cultura y el populismo", en: http://www.eldiario.es/cultura/arte/alcalde-museo-cultura-populismo_0_677182600.html

Comunicado de la dirección del Marco, en: http://www.marcovigo.com/es/content/comunicado-de-la-direcci-n-del-marco

Incluso en estos momentos, en los que se acaba de publicar un articulo, el pasado 25 de noviembre, sobre los últimos acontecimientos de la institución y que aquí compartimos:

Ángel Paniagua, "El nuevo plan de museos de Vigo: arte gallego al Marco y contemporáneo al Verbun" https://www.lavozdegalicia.es/amp/noticia/vigo/2017/11/26/plan-museos-arte-gallego-marco-contemporaneo-verbum/0003_201711V26C1995.htm