Permanecer mudo o mentir -un panorama de la obra de Darío Corbeira-

Luis Francisco Pérez

Publicado el 2017-01-28

Hace pocos días finalizó en el MUSAC de León la muestra de Darío Corbeira (Madrid, 1948) Permanecer mudo o mentir. En la misma, comisariada por Montserrat Rodríguez Garzo, tuvimos oportunidad de ver trece grandes obras -un elevado número correspondía a instalaciones o esculturas puestas al día o re-visitadas con motivo de esta muestra- fechadas entre 1974 y 2015. Un arco temporal lo suficientemente dilatado para poder ofrecer un panorama completo de los intereses estéticos, políticos y sociológicos (y preocupaciones), de un autor lo suficientemente inclasificable (pero a su vez solidario con los tiempos artísticos en los que ha vivido) para que haya podido desarrollar su carrera como artista con una considerable libertad de acción y pensamiento. O lo que es lo mismo: una libertad imprescindible -sin duda costosa en términos de visibilidad mediática- para poder ejercer de constructor de dispositivos estético/políticos, junto con la labor de profesor de bellas artes, pero sobre todo como responsable de la publicación de una serie de libros imprescindibles en la Editorial Brumaria.

La primera obra expuesta está fechada en los estertores agónicos del franquismo, “Francisco Franco Action Painting” (1974) y la última, realizada hace algo más de un año, lleva por título La crucifixión. Será con esta obra más reciente con la que iniciaremos el comentario y análisis sobre esta muestra, pues de alguna manera este trabajo marca la pauta del “sentido y sensibilidad” de toda la exposición.

La crucifixión es una obra enorme (en todos los sentidos: mide 5,36 x 12,24 metros) de Tintoretto, que actualmente se encuentra en Venecia, en La Scuola Grande di San Rocco. Una obra, que según su aventajado alumno, El Greco, era “la mejor pintura del mundo”. Una consideración nada exagerada, cuando sabemos que para Vasari, Tintoretto tenía “el cerebro más terrible que jamás haya tenido la pintura”. Hablando de La crucifixión el historiador francés de entre guerras, Elie Faure, escribió lo siguiente:

En esta maravillosa obra el drama humano resuena hasta los confines del cielo en resplandores, en nubes trágicas, en fulguraciones purpuradas. En el espacio que contemplamos no sabemos si sus tormentas tensan los nervios de los hombres y mujeres, o los hombres y mujeres ignoran que participan en las sinfonías indiferentes, en los murmullos de las fuentes, en los soplos de aire caliente que empujan las nubes, en los balidos lejanos de los rebaños que descienden las praderas, en el gran silencio de las llanuras que se hunden en el vaho de los días de verano”.

Esta bellísima manera de escribir teoría del arte -y que sin duda ya era “antigua” en la década de los veinte y los treinta, si bien ello pasó desapercibido camuflado entre L'air du temps de la época-, tenía totalmente seducido a otro vanguardista de décadas posteriores, Jean-Luc Godard, cuando en su película Pierrot le fou rinde homenaje a este historiador del arte haciendo recitar a Jean-Paul Belmondo, en una bañera y fumándose un puro, un maravilloso párrafo sobre Velázquez. Aquí es a dónde deseaba llegar fervientemente: en la obra La crucifixión de Darío Corbeira podemos contemplar las mismas imágenes que nos relata Elie Faure en una imprimación y óleo sobre tablero de madera en el que nada vemos excepto el dorado desierto veteado de la madera y en el borde inferior, una escueta leyenda tanto de afirmación como negación de la misma apoteosis pictórica, su Idea, realizada por Tintoretto. La obra de Corbeira, naturalmente, tiene las mismas medidas que la de Tintoretto. La crucifixión de Darío Corbeira es una obra plena y productivamente esquizofrénica. Podríamos decir un Antiedipo.

Precisamente en el Antiedipo de Deleuze y Guattari leemos unas frases que nos pueden servir para una posible “interpretación” (vana e inútil empresa) de no pocas de las obras que contemplamos en esta muestra, y por supuesto de La crucifixión. Dice así: el cuerpo lleno de la tierra posee distinciones, sufriente y peligroso, único, universal, se vuelca sobre la producción, sobre los agentes y las conexiones de producción”. Me interesa mucho, en tanto que imagen productora de deseo, ese “cuerpo de la tierra sufriente y peligroso…” que en algo así como una “crucifixión laica” se desplaza, serpenteante o en depredadora verticalidad, por las obras expuestas, incluso en sutiles y sibilinos detalles integrados en los trabajos. Así sucede en las alfombras entre rejas carcelarias de Al final del suflé (1996-2016); o en los rojos y sangrientos óleos, junto a una tenebrosa formación de navajas, en la instalación 3 (5, 7, 11) y 7 (31, 37, 41, 43, 47, 53, 59) de 1995-1996; como también, sin duda, en la utilización de desinfectantes, bien sobre tarjetones de farmacia (120 unidades) en Todo el día y toda la noche (1992), bien ese mismo desinfectante en los ocho dípticos sobre tableros de madera enmarcados de la instalación Segunda parte (simetría/asimetría del tiempo) perteneciente al mismo año 1992; o en la primera obra realizada de las exhibidas en la muestra, a la que ya hemos referencia como “franquista”, donde el cuerpo sufriente de la tierra se manifiesta en las cornamentas de ciervos y pintura sobre papel mostradas como trofeos de caza.

Por último, cómo no citar la obra que nos recibe, en la calle y a unos pasos de la entrada al centro, La clase obrera nunca fue al paraíso (4) del 2005, “aggiornata” para la actual muestra, donde un camión siniestrado (el accidente fue real y uno de los ocupantes murió en el accidente) se manifiesta como otra crucifixión que establece una dialéctica con la de Tintoretto, sin duda otra negación, tan presente en todas las obras expuestas, a modo de afirmación invertida, vital e intelectual. Pero se trata siempre de una negación que es presentada como una paradoja, aquello “que destruye el buen sentido como sentido único, pero luego es lo que destruye al sentido común como asignación de identidades fijas” (Gilles Deleuze, La lógica del sentido), para posteriormente impregnar todo el proceso creativo de un puro devenir infinito, ilimitado. En un, como decía Elie Faure sobre Tintoretto, “drama humano que resuena hasta los confines del cielo en resplandores”.

Ciertamente en gran parte de las obras expuestas, realizadas con los más variados materiales, se contempla una revelación pictórica sin más añadidos que su “ser en el tiempo”, necesario anclaje para experimentar la extraña y fascinante epifanía visual que las mismas nos deparan. Algo así como ensayar y sentir una cierta conciencia de tiempo suspendido mientras transcurre la demorada y absorbente contemplación de unas pinturas que se dirían, en la pura abstracción de su “aparecer”, felizmente deudoras de una referencialidad histórica imposible certificar, de tan sublimadas y estilizadas que se encuentran las pasiones y las querencias artísticas.

Hay que señalar que el título de la muestra, Permanecer mudo o mentir, pertenece al filósofo francés Jean-Paul Sartre que había definido a Tintoretto como “el secuestrado de Venecia”. Ello sucede en un texto que forma parte del volumen Qu'est-ce que la littérature? En ese escrito leemos una bella descripción de La crucifixión que nos lleva a pensar que Sartre conocía los textos del historiador Elie Faure sobre el pintor veneciano. Dice así, y creo que podría ser un buen final para este escrito sobre la muestra de Darío Corbeira:

Este desgarramiento amarillo del cielo encima del Gólgota no ha sido elegido por Tintoretto para expresar la angustia, ni tampoco para provocarla; es al mismo tiempo angustia y cielo amarillo. No es cielo de angustia ni cielo angustiado; es una angustia hecha cosa, una angustia que se ha convertido en desgarramiento amarillo del cielo y que, por ello está sumergida y empastada por las cualidades propias de las cosas”. 

Crítica & Reviews

Sección dedicada al análisis de las prácticas simbólicas. Cada domingo se publica un texto desde la consideración crítica a las producciones culturales, que abarca un espectro amplio de disciplinas artísticas y temas asociados al quehacer cultural.