México y España: cuarenta años de un reencuentro*

Mario Ojeda Revah

Publicado el 2017-04-30

Hace cuarenta años, el 28 de marzo de 1977, los gobiernos de México y España acordaron establecer relaciones después de otros “cuarenta” sin tenerlas formalmente.1 En efecto, el últi­mo embajador de México en España, Adalberto Tejeda había dejado territorio español en algún momento el 8 y el 10 de marzo de 1939, poco después de que el presidente de la Repú­blica Española, Manuel Azaña renunciase al cargo. Cuando el general Francisco Franco proclamó su victoria el 1 de abril, el gobierno de Lázaro Cárdenas se negó a reconocer al régimen castrense emanado de la Guerra Civil.

En 1945, su sucesor en la presidencia, Manuel Ávila Camacho, estableció relaciones diplomáticas formales con el go­bierno de la República en el exilio, formado en agosto de ese mismo año y encabezó una vigorosa campaña para impedir que la España franquista fuese admitida en el seno de la recién creada Organización de Naciones Unidas (ONU), causa en la que su gestión diplomática tendría éxito.

Una década más tarde, no obstante, a pesar del ingreso de España a la ONU, México mantuvo el reconocimiento a la República Española en el exilio como el gobierno legítimo de España y persistió en su renuencia a establecer vínculos diplomáticos con el régimen franquista. Pese a constantes presiones y ru­mores en sentido opuesto, siete presidentes mexicanos perse­verarían en dicha enemistad.

Con todo, las relaciones entre ambos países, comerciales, económicas y culturales habrían de discurrir e intensificarse en las décadas sucesivas por canales no oficiales. Así, el garbanzo sinaloense seguiría siendo exportado a la Península, mientras que el aceite de oliva y el vino español seguirían afluyendo de modo ininterrumpido hacia México. Los toreros de am­bos lados del Atlántico continuarían participando en festejos taurinos; tanto como los artistas de ambas orillas continua­rían sus giras y presentaciones en los dos países. Piénsese, si no, en Agustín Lara, Jorge Negrete, Cantinflas, el trío de los Panchos, o, inversamente, Sarita Montiel, Los Churumbeles, Serrat, Raphael y tantos otros.

Todavía en octubre de 1975, a un mes y medio escaso de la muerte de Franco, el gobierno de Luis Echeverría condenó enérgicamente la ejecución de seis opositores a la dictadura, canceló los intercambios económicos y comerciales, inte­rrumpió las comunicaciones aéreas, marítimas, telefónicas y telegráficas y llegó al extremo de exigir la expulsión de Es­paña de la ONU. En los estertores de su agonía el moribundo régimen franquista respondió de manera igualmente airada, al convocar una manifestación masiva en la Plaza de Oriente de Madrid, mientras evocaba el “obscuro” papel desempeñado por el presidente mexicano en los aciagos sucesos del 2 de octubre de 1968, como Secretario de Gobernación.2

En marzo de 1977, la transición española a la democracia estaba todavía en marcha, pues no se había siquiera legalizado a todos los partidos, ni mucho menos celebrado elecciones. No obstante, el gobierno de López Portillo apresuró el acer­camiento y estableció relaciones con un gobierno todavía he­redero de la dictadura. No fue una reanudación de relaciones en sentido estricto, sino el establecimiento de relaciones entre el Reino de España y los Estados Unidos Mexicanos.

De este modo, el 28 de marzo de 1977, los cancilleres de España y México, Marcelino Oreja y Santiago Roel respecti­vamente, se encontraron, de modo todavía furtivo, en París, concretamente en el célebre Hotel Georges V, donde inter­cambiaron notas verbales frente a un reducido número de periodistas, en las que expresaron su voluntad de establecer vínculos diplomáticos, España de manera lacónica y México de forma más entusiasta.3

Aunque se especuló que México habría de designar un em­bajador de muy alto nivel, rumoreándose incluso, el nombre del escritor jalisciense Agustín Yáñez para ocupar dicho cargo, López Portillo nombró como embajador ante Madrid al ex presidente Gustavo Díaz Ordaz, nombramiento que se hizo público el 4 de abril de 1977, que escandalizó de inmediato a la izquierda mexicana, que vio en la designación una afrenta y provocó la renuncia de Carlos Fuentes como embajador en Francia.4 Su misión, no obstante sería efímera. El 2 de agosto, a escasos once días de su presentación oficial como embajador, Díaz Ordaz tomó abruptamente el primer avión y regresó a México. "¡Me voy porque se me da la gana! ¡Y no regresaré, no me despediré de nadie, ni del rey!” Díaz Ordaz cumplió su palabra, y dejó la nueva relación al garete, ya que muchos españoles consideraron la actitud del embajador como una afrenta a España.5

Con todo, la crisis sería superada, con el nombramiento de un nuevo embajador. Meses más tarde la relación comenzó a dotarse de contenido mediante la suscripción de una serie de acuerdos que incluyeron un tratado de extradición y un Convenio Básico de Cooperación Científica y Técnica.6 Poco después se signaron nuevos convenios que culminarían en una asociación estratégica creciente entre ambos países.

Desde entonces la relación bilateral no dejó de crecer. Así, después de la visita de Suárez, López Portillo visitó España y los Reyes, México. Todos los ulteriores mandatarios mexi­canos habrían de visitar España, siendo correspondidos por sus pares españoles, que hicieron de México una parada visita obligada de sus periplos por el exterior. Las cumbres ibero­americanas, inauguradas en Guadalajara en el año de 1991 y celebradas bianualmente son reflejo de la asociación estratégica que se estableció entre ambos países y del papel que ambos se arrogaron como promotores y animadores de una comuni­dad iberoamericana de naciones con sustento; iniciativa que, tristemente no ha terminado de cuajar.7

De modo inverso, España ha jugado un papel crucial estos años como puente entre Europa y México que derivaría a la postre en la exitosa firma de un Acuerdo de Asociación Eco­nómica, Concertación Política y Cooperación. La transición a la democracia se convirtió para muchos en un paradigma de cambio político pacífico digno de ser emulado. Desgraciada­mente, el proceso análogo en México se fue retrasando, em­pantanando, e incluso retrocediendo, tal y como fue patente para muchos, sobre todo después de las elecciones de julio de 1988 y del 2006.

La efervescencia cultural suscitada por el tránsito a la de­mocracia en España tuvo sin duda repercusiones muy grandes en nuestro país. La llamada movida madrileña, las nuevas ex­presiones de un cine español renovado, que van desde un Car­los Saura a Pedro Almodóvar, o la música de Radio Futura, Mecano y tantos otros y su proyección sobre el rock en español mexicano, dan testimonio de una influencia española renova­da en nuestro país. Todo ello, por no hablar del impacto de las editoriales, revistas literarias y culturales y prensa española sobre la vida cultural de México, rubro que merecería por sí solo un artículo aparte. O bien, los intercambios crecien­tes entre universidades y centros de investigación españoles y mexicanos, y la movilidad estudiantil y académica que han generado.

El “milagro económico español” –que le permitió a ese país un par de décadas de crecimiento sostenido, e incluso convertirse por breve tiempo en la octava economía del mun­do, habría de traducirse en lo que los años noventa se dio en llamar la “Reconquista de América Latina” por compañías es­pañolas tales como los bancos BBVA, y Banco Santander, la empresa Telefónica, etc.

Después de la crisis de la deuda soberana iniciada en 2008, la economía española entró en recesión, lo que llevó al des­empleo a 5.5 millones de españoles. Fue entonces que se dio una nueva emigración española hacia América Latina en ge­neral y hacia México en particular.8 Así se calcula que entre 2008 y 2014 se registraron 4,335 emigraciones de españoles a México.9 Se trataba en su mayoría de jóvenes profesionistas de ambos sexos con una alta formación.

 En el ámbito económico, las tornas parecieron cambiar también y se habló incluso de la “Conquista de España” por México después del desembarco de varias empresas mexica­nas en la Península.10 De ese modo inversionistas mexicanos incursionaron en la adquisición de empresas españolas en el rubro alimentario: Sigma en Campofrío 11; de salas de exhibi­ción cinematográfica, mediante la adquisición de 400 cines de la cadena Yelmoplex 12, o Ado, la empresa de transporte que a mediados de 2013 adquirió cerca de 2,000 autobuses de la empresa española Avanza 13, por mencionar tan sólo algunos ejemplos.

Resulta evidente que la relación bilateral ofrece todavía un potencial enorme, especialmente ahora que nuestro país se en­frenta con la urgente necesidad de diversificar sus vínculos con el exterior, más allá de la asfixiante dependencia que ha desarro­llado con los Estados Unidos en el último cuarto de siglo.

* Originalmente este texto se publicó en la revista Inundación Castálida del Claustro de Sor Juana.

[incluimos banda sonora]

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Notas

1 En realidad, fueron 38, desde marzo de 1939 hasta marzo de 1977, pero a través de los años el dicho se tornó en conseja.

2 “Las ejecuciones una vileza. Cancela México todo trato con España. Pide a la ONU su expulsión”, en, Excélsior, 29 de septiembre de 1975.

3 “México y España reanudan las relaciones diplomáticas”, en El País, Madrid 29 de marzo de 1977.

4 José López Portillo, Mis tiempos: biografía y testimonio político, volumen I, México, Fernández Editores, 1988, pp. 564 y 572.

5 Sobre el bochornoso episodio, véase “Diplomacia efímera”, en, Proceso, México, 5 de agosto de 1977.

6 “Decreto de promulgación del Convenio Básico de Coopera­ción Científica y Técnica entre el Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos y el Gobierno del Reino de España, suscrito en la ciudad de Madrid el día catorce de octubre de 1977”, en Diario Oficial de la Federación, 8 de marzo de 1978.

7 Agustín Sánchez Andrés y Pedro Pérez Herrero, Historia de las relaciones entre España y México, 1821-2014, Marcial Pons Edito­res, Madrid, 2016, p. 228.

8 Véase, por ejemplo, “México atrae a españoles desemplea­dos”, en Expansión, miércoles, 24 de abril de 2013.

9 María Jara Rodríguez-Fariñas, et al. “Los exiliados económi­cos. La nueva emigración española a México (2008-2014)”, en Script Nova, Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales Universidad de Barcelona, volumen XX, núm. 531, marzo de 2016, p. 3.

10 “México, a la conquista de España” en El Mundo, Madrid, 14 de septiembre de 2015.

11 “Campofrío se queda solo en manos mexicanas: Sigma con­trola el 100%. La compañía china Shuanghui vende su porcentaje de la cárnica a su socia de México”, en El País, Madrid, 4 de junio de 2015.

12 “El grupo mexicano Cinépolis compra la cadena española Yelmo Cines”, en El País, Madrid, 13 de julio de 2015.

13 “España, ¿la nueva frontera de las empresas mexicanas?”, en Expansión, 5 de agosto de 2015.

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