Paraje de Hornillos, Misky Mayu o Río Dulce, Provincia de Santiago del Estero

Dolores Zinny & Juan Maidagan

Con el trabajo de Dolores Zinny (Rosario, 1968) y Juan Maidagan (Rosario, 1957) (1) suspendemos por algunas semanas las entregas de Máquinas de visión, para dejar paso al verano del hemisferio norte y al invierno del sur. De este último provienen las escenas con las que hemos elegido cerrar el segundo ciclo, en el que hemos presentado diversos trabajos que relacionan texto e imagen en movimiento. 

En este material, lo que vemos se apega a las palabras de Juan José Saer en El río sin orillas:

El fragmento de Heráclito, “no se entra dos veces en el mismo río”, y aun la variante radical de uno de sus discípulos, “nadie entra nunca en ningún río", podría admitir, para la circunstancia, una versión más adecuada: cada uno trata de entrar, infructuoso, como en un sueño, en su propio río.” (2)

En esta pieza el texto es un río que las personas revelan en el paisaje. Es orilla y es distancia. Aquí, el tiempo anuncia una lectura que se mueve líquida, que tiene un ritmo propio, de corriente, otro transitar. Este trabajo mezcla dos viajes: uno espacial y otro temporal, una experiencia vital y el encuentro, años después, con lo que queda de un movimiento casi detenido, de un ejercicio espiritual, de un manifiesto sin prisa que rescata el paisaje, la contemplación y la escucha. Este es un trabajo audiovisual sin edición, sucedió en el lugar y en la cámara, es puro documento y a su vez, pura representación poética del paisaje y su gente. 

En 1990, Juan Maidagan, junto a cuatro amigos, inició una travesía de tres meses por el río Dulce o Misky Mayu, en una de las zonas menos pobladas de Argentina. La balsa, construida por ellos, quedó a la deriva durante las últimas dos semanas y fueron rescatados en la boca de la Laguna Mar Chiquita. Durante todo el recorrido, Juan y Dolores se mantuvieron en contacto por radio. Casi treinta años después, retoman aquel viaje para convertirlo en un proyecto de arte, partiendo de las horas de grabación que realizó Juan con una cámara casera. 

Los artistas afirman que “el paisaje se transforma en abstracción, en espejismo, en documento, en certeza. El río se espesa, los límites se borran y la balsa se estanca”; y añaden: “qué será de la gente, del paisaje hoy, 30 años después. Es el momento de iniciar 'otro viaje', en el que la relectura del trayecto en balsa puede acoplar y sumar imágenes nuevas, inducidas.” 

El texto es el río y también sus habitantes, que hablan de la distancia, del abandono de los gobiernos y de las necesidades. “Estamos en pleno campo”, dice una de las entrevistadas, y nos lleva al campo de visión, al de producción y al de la economía. La distancia real, más profunda que la geográfica, es una ceguera ambiciosa que solo se abandona con el afán de explotar, sacar, vaciar, exprimir. La frase “estamos en pleno campo” es una forma de hablar de lo que para los demás es invisible. 

Este es un trabajo que evoca y de alguna manera elogia aquel de James Agee y Walker Evans, Elogiemos ahora a hombres famosos (3), en el que Agee apunta: 

Aquí, una casa o una persona sólo tiene su significado más limitado a través de mí: su verdadero significado es mucho más vasto. Es porque existe, vive realmente, como ustedes y yo, y como no puede existir ningún personaje de la imaginación. Su gran peso, misterio y dignidad residen en este hecho.

Zinny y Maidagan apuntan que la materia cambia como un monstruo que nos engaña y el tiempo hace que las palabras lleguen tarde siempre. Así, aparecen en forma de abstracciones, toman aquello que el tiempo deja. 

Las imágenes muestran las formas sinuosas que adquieren la memoria y el paisaje, muestran un lugar atemporal y también el lenguaje visual de una cámara casera VHS. Muestran manchas abstractas sobre el film y dejan escuchar las voces de los pocos habitantes del pueblo de veinticuatro casas pero muchas familias, dejan ver la película y los rostros, todos quemados por el sol y el paso del tiempo. Este es un trabajo de construcción y reconstrucción de una cartografía nacional propia, personal y poética. 

Ante la pregunta: ¿cuándo sintieron que esas imágenes podían ser releídas, retomadas?, los artistas contestan: 

“desde ese entonces las imágenes nos requieren, en la constancia de su ciclo, llegan y se retiran en los ciclos del agua. Por la conciencia de la agonía de la naturaleza, por la extinción masiva de las especies, por la ausencia de reacción, por ir quedando indefensos. Por la incapacidad social, legal, la imposibilidad de la reparación.” (4)

En los tiempos que corren, en los que una mujer que salva vidas en el mar es buscada, acusada y apresada, como tantos otros que desean reparar, volver al lugar de la escucha y la contemplación sin ornamento es un riesgo que nos requiere y convoca, en el que  cada uno trata de entrar, infructuoso, como en un sueño, en su propio río.

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Notas

(1) http://zinny-maidagan.com/

(2) Juan José Saer. El río sin orillas. Seix Barral Argentina, 2011

(3) James Agee y Walker Evans. Elogiemos ahora a hombres famosos. Ariel, Barcelona, 2017.

(4) Entrevista a Dolores Zinny y Juan Maidagan en proceso (2019), que se publicará en breve.

* Texto Ángela Bonadies. Video cortesía de los artistas y de la Galería Henrique Faria, Nueva York.