Lectura rítmica

Iván Candeo

Lectura rítmica (2011) de Iván Candeo (Caracas, 1983) es la nueva entrega del ciclo de Máquinas de visión dedicado a revisar la relación que discurre entre imagen y texto y lo que de ella se desprende: un tercer nivel de lectura, de representación, de posibilidades, de lenguaje. En este caso, la tercera pata de un trípode resbaladizo que convoca, sin concesión ni exclusión, el pensamiento y la risa. 

La pieza que hoy presentamos se vincula a la pasada entrega —de Stephanie Taylor- en dos aspectos: el musical, en el sentido del ritmo que despliegan y que otorga una esencial medida al tiempo, y en el textual, que en ambos casos ofrece una receta de cocina. A diferencia del corto de Taylor, el de Candeo no deriva la imagen del texto o viceversa, sino que estos son simbióticos, no subalternos, tienen "su lugar" y aunque pertenecen a “diferentes especies”, ambos “sacan provecho de la vida en común”. Es decir, se unen por el ritmo, pero crean un "tercero" que nace entre el gesto político y el texto culinario, entre estrategias de comunicación con códigos preconcebidos y medidas justas, y de esa manera, los quiebra, los problematiza, los resemantiza. 

El hombre que con “gestos batuta” o de marcación (1) nos transmite una suerte de obligación, nos dirige una arenga que intenta enardecer nuestro ánimo y convocar nuestra atención, lo hace sin voz pero, al parecer, con voto. Así se explica la pieza en la web del artista: 

“El video “Lectura rítmica” exhibe un repertorio de gestos batutas: signos con el que el “hablante” va marcando el ritmo de las palabras, enfatiza, pide atención, amenaza, suplica, etc. Asimientos y golpes al vacío, dedo índice, manos juntas, movimientos de cabeza, se presentan en este video desprovistos de modulación y voz, sin palabra articulada. Al ritmo de estos gestos, van apareciendo los subtítulos que le permiten al espectador leer la información que se brinda. El video está conformado por estas dos formas de comunicación, gestual y escrita, que coinciden temporalmente pero no en sus campos de significado, la política y la culinaria.” (2)

Iván Candeo es un artista que trabaja con diversos soportes, pero su principal interés gira alrededor de la genealogía y los conceptos que se derivan de la imagen en movimiento, del cine. Subraya ideas alrededor de las formas que adquiere la representación a través del choque y el contraste entre lo estático y lo dinámico, de los décalages o desplazamientos de sentido, de subvertir paradigmas y clichés, de congelar la imagen móvil o echar a andar la imagen fija, acercarse a sus medidas y a su materialidad, de vincularlas con otros aspectos culturales. La obra de Candeo “medita en torno a la presencia y la representación; a la conexión entre el cine —entendido como dispositivo de construcción discursiva- y la política —entendida como sistema de fuerzas de vinculación y dominio—; a su movilidad —su cinestesia— y el poder de transformación de sí y del mundo que posee y pone en ejercicio” —como señala Sandra Pinardi en un artículo sobre la exposición Sin acto (3). 


Lo que es usualmente un elemento subalterno y una contingencia idiomática, como es el caso del subtítulo, toma aquí el carácter de personaje en una trama que enfrenta dos códigos que se activan y desactivan a lo largo del corto. Sobrevuelan en nuestra cabeza algunas escenas posibles en las que, ante una larga y tortuosa arenga política, acudimos al botón mute del mando o cambiamos de canal para encontrarnos con la nueva tendencia evaluativa de los programas de cocina y, a partir de allí, la fantasía de crear un karaoke que una los dos lenguajes métricos para crear un tercero: la voz cantante, el sonido, los gritos y susurros. 


Lecturas rítmicas se llama a los estudios que los percusionistas ejecutan para seguir un determinado tiempo estipulado en la música. Esta “¡lectura rítmica!” de Candeo, aunque sigue el tiempo, rompe la lógica del lenguaje y, con una carga importante de sentido y de humor, habla del sinsentido de los discursos políticos, afincados en una retórica del mandato y del deber ser, de lo que “es-a-sí”, de lo que “de-be-mos-ha-cer”, plan plan, pum pum, pan pan, aunque en el fondo solo resuenen las ganas de mandar, las ansias de poder: pan y circo. 


Los trabajos de Iván Candeo siempre hablan desde el desplazamiento, desde el movimiento a contratiempo, como quien acaricia un animal a contrapelo, hay algo que en ellos hace eco o que cruje como el bruxismo. Y también resuena algún fragmento de El grado cero de la escritura de Roland Barthes, porque Candeo propone piezas que “movilizan una estética de la desnudez (...), donde sólo cohabitan el hombre y su trabajo; espacio sin objetos parasitarios, de paredes desnudas, de tablas rasas; aquí lo simple no es otra cosa que lo vital; esto se ve muy claro en el taller del panadero; como elemento primario el pan implica un lugar austero” (4). Y a partir de allí, todo lo que permite ser leído desde esta austeridad que enfrenta el discurso al trabajo, porque “hacer pan requiere más paciencia que esfuerzo”.

*Texto: Ángela Bonadies
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Notas

(1) Véase Adrián Gimate-Welsh y María Rayo Sankey García, “La gestualidad en el discurso político”. https://www.researchgate.net/publication/317887499_La_gestualidad_en_el_discurso_politico

(2) https://vimeo.com/31540427

(3) Véase http://artishockrevista.com/2018/09/21/ivan-candeo-sin-acto/

(4)  Roland Barthes, El grado cero de la escritura y nuevos ensayos críticos, Siglo XXI Editores, México, 2011.