Exploratory Movement

Inma Herrera

Exploratory Movement, de la artista española Inma Herrera (Madrid, 1986), es la novena entrega de este primer ciclo de Máquinas de visión que podríamos titular Desde el artefacto fílmico, porque en él hemos efectuado una expedición por los distintos lenguajes y las diferentes formas de asumir el aparato que produce y reproduce la imagen. Lo hemos considerado tanto desde su naturaleza como en su conexión con otros lenguajes, disciplinas, formas y estrategias discursivas. Estas relaciones sirven de puente y muestran, sin excusas, las costuras de su mecanismo: imagen-tiempo e imagen-movimiento convocadas en unas piezas que más que presentar unas narrativas lineales tratan de los procesos de creación y las fuentes de conocimiento. Piezas que elaboran ideas desde la ‘nostalgia de la luz’, que no es más que la del conocimiento.

¿Cómo se escribe un texto? ¿Cómo se imprime un libro? ¿Cómo aparecen, desaparecen y vuelven a aparecer las palabras? ¿Cómo se cuidan ‘las cosas’? Todas estas preguntas están contenidas en la pieza Exploratory Movement (2017) de Inma Herrera, donde el aparato de visión, la máquina que ve, es testigo de acciones más que de historias: un performance gráfico, un ejercicio material y textual, el cuidado de las palabras, la labor física del proceso de ‘hacer’ arte y escritura, el contacto del cuerpo de la artista con la materia, con ‘esa cosa’ que la sustenta, con lo crudo que construye la obra de arte. 

Estos diez minutos construyen un film ‘paradójico’, uno que intenta mostrar lo que no se ve, hacer visible lo invisible: nos piden paciencia para el oficio de volver a la lectura, de hacerla tangible, y recuperar el entendimiento. También es un trabajo literal y filosófico, porque le da cuerpo a una idea, convierte en acción y movimiento las palabras y los pensamientos del filósofo francés Merleau-Ponty (1). Inma Herrera asume la inteligencia, la fuerza y también, por qué no, la ternura del medio –ternura entendida como la capacidad que éste posee de cuidar– desde el que ella especula. El medio son las artes gráficas, desde donde se empujan, sin pretextos, imágenes y palabras, líneas, manchas y tiempo (2). Una idea puesta en acción, pero no como pieza acabada, sino como pieza en proceso constante.

Para conseguirlo Inma Herrera toma las herramientas de las artes gráficas y nos muestra cómo el ‘cuidado’ produce obra en un movimiento exploratorio que bien puede ser el que diariamente se hace en una cocina. En una entrevista para un programa en RTVE, María Zambrano dijo: «Hay que dar de comer en Roma, es lo primero que hay que hacer». En ese terreno del cuidado, del movimiento que hace, piensa y cuida, se mueve el trabajo de Inma, a quien casualmente conocí en Roma, entre una cocina y un taller (3).

Entre los antecedentes fílmicos que juegan con lo pictórico como proceso se cuentan El misterio de Picasso de H. G. Clouzot, El sol del membrillo de Víctor Erice y una pieza que queremos presentar próximamente en este espacio, la experimental de Carlos Castillo, Ciudad vs. arte. En los films nombrados, la superficie de la imagen fílmica se va transformando y poco a poco asume el lugar de la pintura. En la misma línea, Inma Herrera nos enseña, a través de un proceso gráfico y físico, cómo se ‘devela’ una idea. El trabajo sobre el material va creando a lo largo del film diferentes registros de ‘pinturas’ pasajeras y cambiantes que remiten, también, a la ‘edición’ y a la impresión: quitar, añadir, manchar y limpiar para llenar los espacios huecos. Una acción que reivindica las artes gráficas como forma viva, como lenguaje y escritura, como espíritu contemporáneo que se pasea por un pasado de libros y reproducciones, de anatomías y letras, sin prejuicio y sin juicio; que se mueve con pericia entre el pensamiento, las palabras, el texto, el dibujo, la pintura, la ciencia y la naturaleza.

En la lógica actual, que ha anunciado innumerables veces la muerte del libro y ha resucitado otras tantas a dios bajo diversas formas, Inma Herrera se apega a un oficio y un arte que se ejecuta con el cuerpo, el intelecto y el corazón, con el cuidado y la atención que lo palpable y vivo merece. 

Podríamos concluir con unas preguntas sobre la acción que presenciamos: ¿limpieza, pintura, escritura, pensamiento, cita, cuidado, traducción? Parece que la tinta en movimiento actúa de la misma forma con que “la luz dibuja la configuración de una superficie visible”.

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* Selección de obra y texto a cargo de Ángela Bonadies.

(1) Maurice Merleau-Ponty, Fenomenología de la percepción, Planeta-Agostini, 1993. 

El texto que abre el corto: 

[...] El ‘tacto cognoscente’ nos arroja fuera de nuestro cuerpo por el movimiento. [...] Se dan fenómenos táctiles, supuestas cualidades táctiles, como lo áspero y lo liso, que desaparecen absolutamente si se sustrae su movimiento explorador. El movimiento y el tiempo no son sólo una condición objetiva del tacto cognoscente, sino un componente fenomenal de los datos táctiles. Efectúan la puesta en forma de los fenómenos táctiles como la luz dibuja la configuración de una superficie visible.

En inglés: 

"[...] The knowing touch projects us outside our body through movement. [...] There are tactile phenomena, alleged tactile qualities, like roughness and smoothness, which disappear completely if the exploratory movement is eliminated. Movement and time are not only an objective condition of knowing touch, but a phenomenal component of tactile data. They bring about the patterning of tactile phenomena, just as light shows up the configuration of a visible surface." 

Maurice Merleau-Ponty, Phenomenology of Perception

(2) http://www.inma-herrera.com/

(3) http://www.accademiaspagna.org/portfolio/inma-herrera/